sábado, 2 de junho de 2018

A Chegada do Cavalo na América e nos Pampas

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Tomado del Blog https://origemdogauchodefinitivoeja.blogspot.com/2011_10_27_archive.html

 A Chegada do Cavalo na América e nos Pampas

Antes do ano 1500 da nossa era, não havia cavalos nas Américas. Não existe, nas línguas originais do Continente Americano, nenhum termo que signifique cavalo. Todos os vocábulos que atualmente existem são derivações da palavra caballo do espanhol: cavayú em guarani, caavarú em tupi, cahuellu ou cahuallo em araucano, cahualk em gennaken, cahuel em tehuelche, cavallo nos acomas, cavaio nos moquis, cavayo em paiute, cahuay nos kansas, cahua nos osages, kaviyo nos pimas.
Cristóvão Colombo, em 1493, quando em sua segunda viajem à Ilha La Española, hoje Repúplica Dominicana, no porto de Santo Domingo, na América Central, foi o responsável pela introdução do cavalo na América, dezessete veleiros e entre 25 e 30 cavalos. Introduzidos em 1509 ao continente através do Panamá, sete animais e através da Colômbia, 12 animais.
Os exploradores necessitavam dos animais para carregar os seus pertences nas incurções realizadas. Descendo pela Cordilheira dos Andes em direção ao sul da América os exploradores iam abandonando os cavalos que se machucavam ou que adoeciam. Obviamente nem todos os animais abandonados morreram e com isso os mesmos sem um predador natural iam de reproduzindo. 
Os Indígenas ao encontrarem os primeiros cavalos, achavam que eram monstros e tentavam matá-los, até perceberem que os exploradores os utilizavam como meio de transporte e carga. A partir daí, com exíme técnica aprenderam a domar o cavalo e assim utilizá-lo como companheiro no transporte e caça, além de auxiliá-los na batalha contra os europeus que tentavam invadir sua região pampeana. Com o passar do tempo os indígenas se tornaram excelentes cavaleiros.
Por volta de 1580, os cavalos abandonados na região do Prata em 1536, tinham se multiplicado aos milhares. Tanto que, em 1600, não podiam mais ser contados em suas gigantescas manadas. Os Pampas do Rio Grande do Sul, Uruguai e Argentina estavam povoados de cavalos chimarrões (cimarrones) e o povo que vivia nessa região, unida pela semelhança ambiental, se tornou um povo cavaleiro.
João Pedro

TRIBUNA

El caballo en América

Sábado 18 de junio de 2016, por Borja Cardelós, hispanista y escritor.
En el continente americano habitaron los caballos en tiempos prehistóricos, pero habían desaparecido a finales del pleistoceno. Pasaría mucho tiempo hasta que los caballos regresaran a América del Norte: eran dieciséis, y venían con la expedición conquistadora de Hernán Cortés.
¿De dónde provenían esos caballos españoles? La historia dice que en el segundo viaje de Colón, la expedición de colonización, embarcaron unos llamados “matalones”, esto es, caballos ruines y desmedrados, y que ese tronco inicial fue el que pobló las Américas.
Pero no es cierto que se tratara de tales “matalones”. La historia es muy otra. Cristóbal Colón había dado su aprobación a unos soberbios ejemplares hispano-árabes, en el alarde previo de efectivos que le presentaron los comerciantes. Pero sucedió que en el momento del embarque enfermó el Almirante, y los tratantes sevillanos cambiaron a toda prisa los caballos aprobados por otros de muy mal aspecto, los citados “matalones”. Así reza en innumerables libros.
Pero ese “cambiazo” fue providencial para la ganadería caballar de la América rural. Los pícaros tratantes recolectaron caballos baratos en el área que tenían más a mano: las marismas del Guadalquivir, que entonces llegaban casi hasta el puerto de Sevilla. Las marismas son una zona extensa y abierta, inundable un tiempo, un ecosistema exigente, apto tan solo para quienes se hayan criado en él. Las reses o los caballos forasteros sucumben en poco tiempo en el ambiente radical de la marisma.
Los caballos embarcados finalmente en las naves de Colón fueron pues caballos de las marismas: el llamado caballo marismeño, por una parte, y por otra el llamado caballo de Retuerta, raza autóctona que todavía habita en las retuertas, la larga y fértil banda de tierra que une la marisma con la tierra firme. Se trata de caballos de escasa alzada, de aspecto en efecto más bien pequeño y ruin, pero muy fuertes y resistentes, insuperables en el trabajo.

Caballo de Retuerta de las Marismas del Guadalquivir.

Y resultó que en América encontraron esos caballos marismeños tierras muy semejantes a las de su origen: los llanos de Venezuela, la Pampa argentina o la Patagonia se parecían no poco a las tierras desacotadas de las marismas. Y también eran parejas las grandes praderas del Suroeste, las de Nuevo México, Arizona, Tejas… Allí pudieron adaptarse pues con suma facilidad, lo que no hubiera sucedido con los lucidos caballos hispano-árabes del alarde colombino. El ADN ha demostrado cumplidamente que las caballadas americanas proceden de los caballos marismeños y de Retuerta.
Gracias a esa similitud de ambientes, los caballos prosperaron rápidamente en América del norte y del sur. Las caravanas terrestres que partían de México, la capital de la Nueva España, para poblar el suroeste de los actuales Estados Unidos, llevaban invariablemente nutridas manadas de caballos. Esos caballos engrosaron las haciendas vaqueras, dando lugar al tipo humano tan conocido del cow boy del Oeste, descendiente directo del jinete andaluz, empero haber pasado como una genuina creación norteamericana gracias al cine.
Los indios de las grandes praderas también se hicieron con caballos. Aprovechaban los descansos nocturnos de la ruta de las referidas caravanas, el llamado Camino real de tierra adentro, y robaban caballos, que luego aprendieron a montar, convirtiéndose en insuperables jinetes, dando paso a la epopeya del indio a caballo, que tantos problemas causó a los colonos españoles primero y más tarde a los norteamericanos.


El cow boy a caballo desciende de los jinetes andaluces de la marisma.

Y un tercer grupo de caballos escapó de los hatos españoles y se hizo tan famoso como salvaje: se trata del mustang, que significa caballo mesteño o mostrenco, esto es, el caballo cimarrón reinsertado en la naturaleza como animal libre y silvestre, hoy una verdadera joya biológica declarada especie protegida por el Congreso de los Estados Unidos.
Tal es el origen del caballo en América. Por eso, como declaró el director de un conocido museo norteamericano, “todo cuadro en el que figure en los Estados Unidos un caballo, es un tributo a España”.

Los nombres de América

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Mapa tomado de la página de Prof. Basílio - Historiando, vía 
Marina Serra Dos Santos del Curso Espelho Enterrado-Memorial da América Latina.

Los nombres de América
Cuando Cristóbal Colón llegó al actual continente americano muchas nuevas denominaciones fueron surgiendo, según avanzaban las corrientes colonizadoras y llegaban los adelantados a ocupar cada nuevo territorio. Hoy vamos a ver el significado del nombre de los países americanos.

América

Antes de ver país por país, digamos que América recibe este nombre en honor a Américo Vespucio, un importante cartógrafo que, según e´l mismo viajó al Nuevo Mundo para explorarlo y elaborar los primeros mapas de los que se tiene constancia en la civilización Occidental. Si bien, según la moderna historiografía, esto es dudoso y no hay documentos que prueben tal viaje de Vespucio.

Argentina

El nombre viene de "Argentum", que en latín significa plata. El Río de la Plata bordea parte de Argentina y es un exponente destacado del territorio, que recibió como primer nombre "Provincias Unidas del Río de la Plata".

Bahamas

Una de las islas que forman este país se llamó San Salvador. Porque fue el primer territorio que pisó Colón cuando llegó a América. Llevaba varias semanas sin ver más que agua ni saber exactamente dónde estaba, y estaba seriamente amenazado de muerte por los motines, agradeció a Dios que la encontrara y la llamó de este modo por salvar su vida. A inicios del siglo XX, los ingleses conquistaron la isla. El bucanero Watling fue quien decidió cambiarle el antiguo nombre por el suyo.

Brasil

En el país abunda el árbol de color rojizo que es en un ícono de las costas sudamericanas, y lleva el nombre de palo-brasil, fuente de crecimiento económico de Brasil durante siglos.

Bolivia

Simón Bolívar fue una de las figuras más emblemáticas de la independencia hispanoamericana en guerra contra España. El nombre del país fue dado en su honor.

Chile

El punto más al sur del continente está en Chile. Hay varias teorías, pero aparentemente el origen reside en la palabra "tili", que proviene del aymara, cuya traducción es Finis Terrae o fín del mundo.

Colombia

El nombre del país se relaciona con Colón, con su apellido original en italiano: Colombo. Según la etimología, Colombo viene del latín columbus, o palomo (el macho de la paloma), el animal que simboliza la paz.

Costa Rica

Costa Rica, un país rico en vegetación y recursos naturales dejó a Colón enamorado por esta tierra y, por eso la denominó de tal modo.

Cuba

Los indígenas de la zona se referían a Cubacán y Cubitas para aludir a ciertos relieves montañosos de la isla.

Ecuador

La línea imaginaria que divide el mundo en hemisferio norte y sur es el ecuador, que atraviesa el país.

Guatemala

En un conflicto bélico antiguo, estuvieron enfrentados los guerreros Tlaxcaltecas y el pueblo Quiché. El nombre de la región donde ocurrió el conflicto fue Quauhtlemallan o Guauhitemala, que corresponde a la actual Guatemala. El nombre se traduce como "lugar de los bosques" o "tierra de los árboles".

Haití

La antigua isla de la Española se dividió en dos países. Haití tomó ese nombre de la voz en taino Hayiti, cuya traducción es "tierra montañosa", dada la orografía de la zona.

Honduras

Cuando llegaron los conquistadores españoles a la zona, les llamó la atención la profundidad de sus aguas. De ahí el nombre, porque era "hondo".

México

Los aztecas se llamaban a sí mismos mexicas en honor a Mexitli, su dios de la guerra.

Nicaragua

Se supone que el nombre de Nicaragua viene de la voz náhuatl Nic-atl-nahuac que se traduce como "hasta aquí llegó el pueblo de los náhuas". Otras teorías enfocan su origen a Nic anahuac, cuya traducción literal es "tierra rodeada de agua".

Panamá

La traducción de Panamá en la lengua étnica puede significar "tierra de peces" o "de mariposas".

Paraguay

Hay varias versiones sobre su origen, pero todo apunta al idioma guaraní. El nombre tiene sus bases en el río Paraguay y significa "río de muchas aguas" o "agua como el mar".

Perú

Existió un cacique Inca al inicio de la conquista, que los españoles llamaban "Birú" o "Pirú". La evolución hizo que derivase en "Perú".

Puerto Rico

Cuando Cristóbal Colón llegó a la isla en 1493, nombró al terreno San Juan en honor al hijo de los Reyes Católicos, el príncipe Juan. El país se llamó San Juan y el puerto más importante Puerto Rico, por las riquezas de la Corona. Pero más tarde, ambos lugares intercambiaron su nombre.

República Dominicana

La antigua isla de la Española se dividió en dos. República Dominicana heredó el nombre en honor a la Orden de los Dominicos.

El Salvador

El nombre es un tributo a Jesucristo. Y Salvador es la manera corta del antiguo nombre del territorio: Provincia de Nuestro Señor Jesús Cristo, el Salvador del Mundo.

Uruguay

El nombre del país en guaraní se traduce como "río de los caracoles", aunque algunas versiones defienden que quiere decir "río de los pájaros", o "cola de pájaro".

Venezuela

Venezuela es la pequeña Venecia. Cuando Américo Vespucio llegó a la zona - si es que realmente llegó, y no solo la imaginó- halló cabañas sobre las aguas lo que le evocó la ciudad italiana.

sábado, 12 de maio de 2018

O conceito e a grafia do zero

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O conceito e a grafia do zero

O conceito do zero somente se desenvolveu em três civilizações antes de chegar ao chamado Ocidente: a dos babilônios, os hindus e os maias. 
Na Europa, o abandono dos números romanos para a nova forma de grafia chegou, mais uma vez e como tantas outras aportações às ciências e às artes, por meio dos árabes; mas a definição do símbolo zero só aconteceu depois, durante a Idade Média, após a aceitação dos algarismos arábicos, que foram divulgados e definitivamente validados nos países do continente europeu por Leonardo Fibonacci. Também conhecido como Leonardo de Pisa, Leonardo Pisano ou ainda Leonardo Bigollo, ou simplesmente como Fibonacci, foi um matemático italiano, tido como o primeiro grande matemático europeu da Idade Média.

A descoberta do conceito zero representou na época um paradoxo, já que era bem difícil imaginar a quantificação e a representação do nada, do que de fato era inexistente. O conceito e a grafia do zero é considerada como uma das maiores invenções da humanidade, pois permitiu a criação de todas as operações matemáticas que são conhecidas atualmente.

 A Sucessão de Fibonacci, também chamada de Sequência de Fibonacci, é uma sequência de números inteiros, começando normalmente por 0 e 1, na qual, cada termo subsequente corresponde à soma dos dois anteriores. A sequência recebeu o nome do matemático italiano Leonardo de Pisa, mais conhecido por Fibonacci que descreveu, no ano de 1202, o crescimento de uma população de coelhos, a partir desta sucessão numérica. Porém, esta sequência já era conhecida na antiguidade.

A representação gráfica do zero demorou ainda cerca de 400 anos para ser incorporada ao sistema decimal indo-arábico de numeração. Definir graficamente qual seria o símbolo para o conceito zero foi de grande importância para posicionar com precisão os dígitos que formam qualquer número desejado, tanto seja num sistema numérico decimal, quanto no ábaco, que representava o zero apenas com uma casa vazia. E isto representou  o maior avanço no sistema de numeração decimal. Portanto, o zero passou por uma evolução de um vácuo para uma casa vazia, ou a um espaço em branco, para transformar-se por fim num símbolo numérico usado pelos hindus e pelos árabes antigos. 

No início dos século XVII, ocorreu uma importante modificação no formato da grafia desse décimo número  - o zero-, que inicialmente era pequeno e circular, um “o”, evoluindo para o atual formato ovalado “0” o que permitiu distingui-lo da letra “o” minúscula ou da “O” maiúscula.

Talvez o uso sistemático mais antigo de um símbolo definido para o conceito zero num sistema de valor relativo seja o que se encontra na matemática dos maias das Américas Central e Sul. O símbolo maia para o zero era usado para indicar a ausência de quaisquer unidades das várias ordens do sistema de base vinte modificado. Esse sistema era muito mais usado, provavelmente, para registrar o tempo em calendários do que para propósitos de contabilidade. 

JV. São Paulo, maio 2018.

quinta-feira, 10 de maio de 2018

Marzo de 1492. Promulgación del Decreto de expulsión de los judíos de España.


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Marzo de 1492. Promulgación del Decreto de expulsión de los judíos de España.

El 20 de marzo de 1492, cuando se celebraba con grandes fiestas populares la reconquista de Granada por los Reyes Católicos, el inquisidor general Tomás de Torquemada presentó a Fernando e Isabel un proyecto de decreto que fue la base del que dispuso luego la expulsión de la población de origen y fe hebreos, firmada conjuntamente por los soberanos católicos y por la Inquisición, pero por iniciativa del Tribunal de la fe.

Los reyes pusieron sus firmas y sellos el 31 de marzo, - suspendiendo así una situación jurídica anterior que duraba siglos y que había sido imaginada como una conquista permanente -, un decreto por el que se concedía a los judíos y a los que profesasen la religión hebrea, un plazo de tan solo cuatro meses para liquidar sus bienes y abandonar la Península, llevándose su fortuna en las condiciones previstas por la ley.

El inquisidor Torquemada – él mismo judío, para mayor ironía- agregó por su propia cuenta otros 9 días al plazo de modo de compensar los atrasos en la publicación del decreto. Isaac Ibn Judah Abravanel que estaba a la cabeza de la comunidad en estas circunstancias tan trágicas, trató de negociar ofreciendo dinero, pero fracasó en sus intentos. Sin embargo, la famosa anécdota que presenta a Torquemada arrojando el crucifijo sobre la mesa delante de los reyes, no posee registros que la comprueben como verídica.

La exposición de razones del famoso Decreto establece una secuencia lógica de hechos y de motivos que explican mucho más que las varias hipótesis de los historiadores de nuestros días. Fernando e Isabel declararon abiertamente que la supresión del judaísmo en el lado español de la Península impondría a Portugal una medida semejante. Era la consecuencia inevitable del establecimiento de la Inquisición. Las Cortes de Toledo decidieron apartar a los judíos de los cristianos porque los inquisidores opinaban que la convivencia era una causa de herejía, "el mayor de los crímenes y más peligro y contagioso" y, además, porque "se prueba que procuran siempre, por cuantas vías y maneras pueden, subvertir y substraer de nuestra santa fe católica a los cristianos".

Se decretó la expulsión de Andalucía pensando que eso “bastaría para que los de las otras ciudades y villas y lugares de los nuestros reinos y señoríos cesasen de hacer y cometer lo susodicho". Así se llega a la paradójica justificación de la medida acordada y aplicada: "cuando algún grave y detestable crimen es cometido por algunos de algún colegio o universidad, es razón que tal colegio o universidad sean disolvidos e anihilados y los menores por los mayores y los unos por los otros punidos y que aquellos que pervierten el bueno y honesto vivir de las ciudades y villas y por contagio pueden dañar a los otros, sean expelidos".

Como se puede ver, no hay el menor fundamento moral: el judaísmo era una especie de mal de tal carácter, que su aniquilamiento justifica, por sí solo, la disposición de eliminarlo y punto. Imposible decirlo más claro y sin papas en la lengua.

Enseguida llegaron las garantías con algunas condiciones morales: durante el plazo, hasta la salida, los judíos quedaban bajo la protección real, libres para vender o transferir sus bienes; se les permitía que, para evitar el rebajamiento de los precios de venta, las propriedades de los desterrados quedasen en manos de terceros, que podrían liquidarlas después; la exportación de oro, plata, moneda, caballos y armas estaba totalmente prohibida, y por eso se indicaba expresamente que los judíos podían transformar sus fortunas en letras de cambio, lo que generaba grandes ganancia para los banqueros internacionales.

Pero había un modo por medio del cual los judíos podrían huir de los efectos del maldito Decreto: ser bautizados e integrarse al complejo mundo de los conversos, quedando así bajo la estricta vigilancia de la Inquisición. De cualquier manera, el judaísmo desaparecería. Hubo una intensa campaña de predicaciones y exhortaciones durante esas cortas semanas, en la cual los propios Reyes prometían beneficios a quienes optasen por el bautismo. Las negociaciones de Luis de Sepúlveda con las aljamas de Torrijos y de Maqueda, a cuyos miembros se ofrecían privilegios económicos y jurídicos, fueron rechazadas sistemáticamente por los judíos. Y es que la comunidad judía de España ya había vivido durante el siglo XV un proceso de persecusiones que fortificaba su lealtad a la fe hebraica. Los monarcas y sus consejeros que esperaban una conversión en massa, pronto comprobaron su error. En 1492 los judíos dieron un ejemplo de fidelidad a sus tradiciones y a su religión; fueron pocas las conversiones, antes y después de la salida, que se hayan podido registrar.

Abraham Seneor, el Rabino Mayor, y su yerno Mayr Malamed, contradiciendo la actitud mayoritara en la comunidade, se bautizaron y fueron apadrinados por los propios Reyes Católicos, pasando a llamarse Fernando Núñez Coronel y Fernando Pérez Coronel, respectivamente. Seneor fue enseguida nombrado miembro del Consejo real, regidor de Segovia y contador mayor del príncipe heredero.

Isaac Abravanel y los suyos, por el contrario, conservaron su fe. Fernando e Isabel, sin embargo,  se mostraron generosos con ellos: compensaron las deudas que aún tenia con el fisco aceptando como pago las obligaciones de sus deudores cristianos; consta que sumaban unas y otras más de un millón de maravedis. Abravanel recibió además una autorización especial para sacar hasta mil ducados en oro y joyas por el puerto de Valencia. Visto así, no parece que hubiera resentimiento en su contra por haber decidido mantenerse en la fe y las costumbres judías. No hay muestras tampoco de mala voluntad contra los que vendían sus bienes, presionados por los especuladores que pretendian aprovecharse de la ocasión para robarles. Los bienes comunales de las aljamas pasaron a formar parte del patrimonio real.

La liquidación de sus bienes inmuebles y el hecho de ser arrancados de sus raíces fue causa de enormes sufrimientos para los judíos españoles. Además, como es de suponerse, hubo entre los cristianos muchos casos de refinada maldad, aunque también sobraron ejemplos de solidaridad, lealtad y afecto. El 27 de junio de 1492, por ejemplo, el municipio de Vitoria recibió oficialmente el cementerio de los judíos, comprometiéndose a conservar para siempre aquella tierra santa que guardaba los huesos y cenizas de tantas generaciones de sefarditas.

La visión antigua y la moderna de los historiadores y otros intelectuales sobre los judíos sefarditas españoles

Hasta el siglo XIX y XX, los historiadores explicaron la cultura y la propia historia española restándole toda importancia a al-Ándaluz, pues basaban sus estudios en criterios exclusivamente europeos; usaban abstracciones occidentales que no permitían la comprensión de lo que fue moro y lo que fue judío como parte fundamental de la formación de lo hispánico. Esta postura evolucionaría más tarde, en el siglo XIX, cuando primero lo árabe y después lo judío empiezan a ser incluidos como una parte fundamental de la formación de España y de su desarrollo histórico.

Los autores empiezan a hacer una nueva lectura de la historia que marca “la singularidad histórica” de la Península frente al resto de Europa. En este contexto surge la Generación del 70, que empieza sus estudios observando la presencia de indicios de la identidad tripartita española - musulmana, judía y cristiana- en la literatura del Siglo de Oro. Entre ellos está Francisco Rodríguez Marín, quien dedica su investigación a la obra de Cervantes, especialmente del Quijote. Marín muestra que las novelas de caballería se produjeron en toda Europa, pero tuvieron un carácter particular en España, porque su estilo era diferente: el “enemigo” no estaba fuera del territorio, sino que había que combatirlo dentro de sus fronteras.

Las novelas de caballería de España describían las luchas de los cristianos contra los morros em el próprio territorio. Dentro de este género encontramos la obra cumbre de Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, que incluía en su historia, además de esta condición, una burla a los valores caballerescos, que tenían un fuerte componente cristiano. Rodríguez Marín encuentra en el fondo de estas obras un componente cristiano, pero ve en su forma de lenguaje un matiz de lo judío. Algunos autores han llegado a afirmar que la mención del día sábado en el Quijote demostraría el origen judío de Cervantes; sin embargo, resulta más importante el hecho de que las novelas de caballería, el Quijote entre ellas, fueron censuradas en la Península y en las colonias, y aunque no se dijera que dicha prohibición fuera consecuencia del reconocimiento de la influencia musulmana o judía, sí se decía que su lectura podía distraer a los habitantes de las colonias de la lectura de la Biblia.

Los estudios de Francisco Rodríguez Marín sobre toda la obra de Cervantes también lo llevaron a tener en cuenta este aspecto. En El Quijote en América, explica el porqué de la censura en España: la reprobación y los conatos de prohibición en la Península se fundaban en la conveniencia de velar por la moral y las buenas costumbres mal pintadas con las escenas fantásticas y a menudo lascivas que se muestran en aquellas obras. La censura impuesta en las colonias se debió a que: “De llevarse a esas partes libros de Romanze de materias profanas y fabulas, de mentirosas historias (…) se siguen inconvenientes por que los Indios que supieran leer, dándose a ellos, dexarán los libros de sancta y buena doctrina y leyendo los de mentirosas historias dependerán de ellos malas costumbres y vicios”.

Si bien en la lengua española no existe un gran influjo hebraico, no se puede decir lo mismo de su literatura, influenciada notablemente por lo judío. Hay varios estúdios sobre el tema, uno de ellos el de Menéndez Pidal, Manual de Gramática histórica española. Sobre el segundo aspecto, la mayoría de los estudios se concentra en la Edad Media, época en que ocurrió el mayor auge de escritos; se destacan autores como Moseh Ibn Ezra, cuya obra se centra en los siglos XI y XII, con el Libro de la disertación y el recuerdo; además los estudios posteriores de A. Navarro y L. Vegas, Los poetas hebreos de Sefarad, y más recientemente Literatura hebraico-española de J.M. Millas. Y Francisco Rodríguez Marín, ya mencionado, com su El Quijote en América.
La prohibición y la censura demuestran que en la literatura española del Siglo de Oro había un componente externo moro y otro judío que pueden ser identificados en el lenguaje y en el tipo de obras, y que para el poder estabelecido era necesario marginarlos para evitar que interfirieran en la construcción del reciente concepto de nación basado en una lengua única –  el castellano – y una única religión –la católica.

José Amador de los Ríos, siguiendo la misma línea de pensamento de Rodríguez Marín, lleva a cabo uno de los primeros estudios historiográficos sobre la presencia judía en España. Su libro Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal es una investigación compleja y detallada sobre los judíos en la Península, que reúne las vicisitudes que sufrieron los sefarditas en la vieja Iberia. La obra toma información existente sobre el tema y es uno de los tratados más completos de su época. Aunque su título es similar al de la obra de Adolfo Castro, Los judíos en España de 1847, el trabajo de Amador de los Ríos es el referente historiográfico por excelencia de la literatura clásica sobre este tema.

JV. São Paulo, junio de 2017.

sexta-feira, 4 de maio de 2018

La Filosofía árabe y judaica en la España del Islam. Averroes y Maimónides, la luz de Al-Andaluz.

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La Filosofía árabe y judaica en la España del Islam. 
Averroes y Maimónides, la luz de Al-Andaluz. 

La cultura judía y la musulmana florecieron juntas y una como complemento de la otra en la España de los califas. 

Dos sabios brillantes, Maimónides, filósofo y médico judío, y Averroes, también médico, filósofo y teólogo árabe, nacieron en la misma época, en Córdoba, en el siglo XII, y fueron dos andantes que transitaron por los mismos caminos.

Ambos fueron médicos, por lo que Maimónides tuvo al sultán de Egipto como su paciente, mientras que Averroes cuidó la salud del califa de Córdoba. Según escribió el sabio árabe, "la mayoría de las muertes ocurre por causa de la medicina". 
Los dos, Maimónides y Averroes, fueron también juristas. El primero ordenó la legislación hebrea, que se hallaba dispersa, dándole más coherencia y unidad a los muchos escritos de los rabinos que hasta entonces se habían ocupado del tema.
Averroes, por su parte, fue la máxima autoridad judicial de toda la Andalucía musulmana y sus sentencias sentaron jurisprudencia durante siglos en el derecho islámico. 

Y ambos fueron también filósofos brillantes. Maimónides escribió su "Guía de perplejos", para ayudar a los judíos que habían descubierto la filosofía griega gracias a las traducciones árabes, como un modo de superar la contradicción entre la razón y la fe.
Esa contradicción justamente, también estudiada por el pensador árabe, fue la que condenó a Averroes. Los fundamentalistas islámicos lo acusaron de poner la razón humana por encima de la revelación sagrada. Para colmo, él se negaba a limitar el ejercicio de la razón a apenas la mitad masculina de la humanidad, y además decía que en algunas sociedades islámicas las mujeres parecían simples vegetales. Por esas y otras declaraciones pagó con la pena del exilio.

Ninguno de los dos murió en el mismo lugar donde había nacido. Maimónides falleció en El Cairo, y Averroes en Marrakech. 
Dicen que una mula llevó el cuerpo de Averroes de vuelta a Córdoba. La mula cargó su cuerpo junto con sus libros prohibidos.

JV. São Paulo, 4 de mayo de 2018.

segunda-feira, 16 de abril de 2018

Antonio de Nebrija, autor de la primera Gramática de la lengua castellana

Gramática castellana, de Antonio de Nebrija - 1492

La Gramática castellana (con su título original Grammatica Antonii Nebrissensis fue escrita por Antonio de Nebrija y publicada en 1492. Fue la primera obra dedicada al estudio de la naciente lengua castellana y sus reglas. Anteriormente, habían sido publicados otros tratados sobre el uso de la lengua latina, como el de Lorenzo Valla, Tratado sobre gramática latina de 1471. 
Se trató de un vasto proyecto de Nebrija que inicialmente no encontró el apoyo necesario de la reina Isabel la Católica. Fue con el mecenazgo de Juan de Zúñiga que finalmente se hizo realidad la publicación de la que se considera  la primera gramática del castellano, en el mismo año en que publica también el Diccionario latino español
Sin embargo, en la época - año de 1496, el mismo de la llegada de Colón a América- parece que no se le dio tanta importancia, a juzgar por la falta de reimpresiones: la primera fue entre 1744 y 1777, patrocinada por Francisco Miguel de Goyeneche, conde de la Salceda. 
La Gramática castellana, de Antonio de Nebrija es la primera gramática del nuevo idioma castellano y también la primera de una lengua vulgar que se imprime en Europa, en un momento en el que todavía no se consideraba el castellano como una "lengua de cultura". 
Vale repetir que fue la primera gramática de una lengua romance o neolatina, ya que fue publicada veinticuatro años antes que la italiana de Giovanni Francesco Fortunio (1516) y treinta y siete antes que la de Trissino (1529); cuarenta y cuatro años antes que la portuguesa de Fernando de Oliveira (1536), y cincuenta y ocho antes que la francesa de Louis Meigret (1550).
Nebrija se adelanta a su época y, después de haber publicado las Introductiones latinae, llega a la conclusión de que es necesario aprender el castellano para estudiar el latín, pues, al fijarse sus reglas, se evitaría que el proceso natural de corrupción lo alejara más de éste. 
La obra se dividide en cinco libros: "Ortografía", "Prosodia", "Etimología", "Sintaxis" e "Introducciones de la lengua castellana para los que de extraña lengua querrán deprender".
Hay autores que afirman que Nebrija puede haber estado al frente de la imprenta anónima de la cual salieron muchas de sus obras. Cabe recordar que no podía colocar su nombre en el pie de imprenta por ser incompatible ese oficio con su cargo de catedrático de universidad, y por eso no hay certeza de que fuera así. La obra se imprimió en un taller anónimo que, según se supone por los estudios tipográficos, estuvo activo entre 1492 y 1500 y en el que se imprimieron numerosas ediciones de este autor. En el texto, impreso con tipos góticos, se han utilizado tintas roja y negra y puede observarse el hueco en blanco para las iniciales.
En años posteriores, otras gramáticas la seguirán: 
Nebrija, Reglas de ortografía, 1517. Valdés, Diálogo de la Lengua, 1535. Andrés Flórez, Arte para bien leer y escribir, 1552. Martín Cordero, La manera de escribir en castellano, 1556. Villalón, Gramática castellana, 1558. Correas, Ortografía castellana, 1630. Real Academia Española, Gramática de la lengua española, 1771.

JV. São Paulo, abril de 2018.

domingo, 15 de abril de 2018

Alfonso X y la Escuela de Traductores de Toledo

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Alfonso X y la Escuela de Traductores de Toledo

17/07/2014 ·Fuente: HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN
Existe una cierta inclinación a relacionar siempre a la Escuela de Traductores de Toledo con el rey sabio (1221-1284)  cuando, en realidad, la creación de la misma se produjo en el siglo XII por obra del arzobispo de Toledo y gran canciller de Castilla, de 1126 a 1150, Raimundo de Sauvetât, un monje cisterciense de origen francés.
Sin embargo, su germen se encuentra en la presión que ejercieron sobre judíos y algunos musulmanes los ataques de los invasores almorávides y almohades que, durante los siglos XI y XII, obligaron a aquellos a emigrar hacia los reinos cristianos peninsulares del norte portando con ellos toda la sabiduría adquirida por la cultura árabe durante los últimos siglos
Así,  fue Toledo, desde 1085 ciudad cristiana conquistada por Alfonso VI de Castilla, la ciudad escogida para crear en ella el núcleo desde el que difundir toda esa cultura.
Entre los sucesores del fundador destaca Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo (1170-1247), conocido por ser autor de libros de historia y, sobre todo, por su participación en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), en la que fue un actor destacado, y también los eruditos Domingo Gundisalvo (c. 1115- post 1190) y Juan Hispano (?-ca. 1180).
En un principio, la Escuela se inclinó por la ciencia: obras de medicina y  matemáticas, después por la astrología, astronomía y magia y, finalmente, por la filosofía, adquiriendo notoriedad en toda Europa, lo que produjo la llegada a Toledo de numerosos sabios extranjeros atraídos por los prodigiosos libros árabes. El escocés Michael Scot (Miguel Escoto) (ca. 1175- ca. 1232) será el autor de las primeras traducciones de Aristóteles y Averroes.
De verdadero éxito se puede calificar a las traducciones griegas, árabes y judías tras tantos siglos en que Europa estuvo sumida en  la penumbra de la cultura medieval. Aristóteles, hasta muy entrado el siglo XII, era apenas conocido. Sería a mediados del siglo XIII cuando, gracias a la labor de Avicena y Averroes, la obra aristotélica empezó a conocerse y se abrió el horizonte del pensamiento y la filosofía. Se comenzó a investigar la naturaleza basándose en la razón.
Se tradujeron obras de Ptolomeo, Galeno, Hipócrates, Euclides…, provocando un auténtico impacto cultural, y la teología pasó de ser una enseñanza pastoral ejercida desde el púlpito en las iglesias para convertirse en una disciplina académica.
Pero las traducciones de obras de autores paganos no gustó a la Iglesia que no tardó mucho tiempo en condenarlas.
Sería Alfonso X, con su llegada al trono, quien espolearía el centro con traducciones de tratados de astronomía, física, alquimia, matemática y también obras recreativas como libros de ajedrez, dados y tablas y recopilaciones de cuentos como Calila e Dimna ySendebar. Desde entonces las traducciones ya no se verterían al latín, sino al castellano con lo que el conocimiento abarcaría un espectro de lectores mucho más amplio.
Si a alguien, entre otros ilustrados, debemos el auge de la cultura en una época en la que se empezaba a vislumbrar el fin de la Edad Media es sin duda al rey sabio que ejerció su mecenazgo sobre toda clase de científicos, eruditos o trovadores. Si su trabajo no fue el de creador absoluto sí es cierto que dirigió el quehacer de sus traductores y seleccionó entre sus obras las de más valor.
A la  Escuela de Traductores de Toledo debe Europa en gran medida, y el trabajo de traducción en general,  su posterior desarrollo científico e intelectual.
R.M.M. Jordán
Historiador