terça-feira, 11 de julho de 2017

Los parientes de Cuba

Los parientes de Cuba

Mi abuelo siempre contaba que una parte de los Unzaga salió de un pueblito perdido, al sur de Bilbao, allá por el fin del siglo XIX.
Eran corajudos (1), y se vinieron para América, sin pensarlo mucho, a la buena de Dios (2).
En esas ocasiones, en medio de las añoranzas, al abuelo se le escapaban un montón de refranes para describir la gesta familiar.
Que vinieron “con una mano adelante y otra atrás” (3), que los chicos crecían “a la que te criaste”(4), pero siempre nacían “con un pan debajo del brazo” (5), etc, etc.

La aventura de mis antepasados era como la de otros miles de jóvenes españoles que, después que su patria perdió los últimos esplendores en la guerra con los Estados Unidos (a), decidieron mudarse para la tierra del futuro, la gran América del Sur.
Era igual a tantas otras historias pero... como les ocurrió a muchos de esos soñadores, el destino les jugó algunas malas pasadas.
Salieron del país vasco, por aquel entonces, dos hermanos: Victoriano y Federico.
El primero se fue directamente a Santiago Del Estero, en el norte de Argentina. Los leñadores de “La Forestal” (b) ya se retiraban de a poco de esos pagos (6), sin demasiado éxito, en busca de mejor suerte.

Los recién llegados, con poco dinero pero con mucho tesón y empeño, se establecieron en una finca, a unos pocos kilómetros de la capital.
El terreno era cercado a la usanza diaguita (7), con pircas (8) de poca altura. Adentro se desparramaba un magro rebaño de cabras chúcaras (9) y flacas, y unas cuantas plantas silvestres: mistoles y algarrobos (10).
Los arbustos, escuálidos, se extendían algunos metros, entre la quinta de higueras y la acequia, casi siempre seca, a no ser por las noches en que la “mita”(11) les repartía el turno del agua para los riegos.

El segundo hermano, Federico, según cuentan, se fue haciaLa Habana, que en aquellos años del fin de siglo XIX recién dejaba de pertenecer a España y empezaba a atraer a los yanquis, que eran los nuevos dueños de las barajas en Cuba(c).
La gente de aquella época no era muy dada a las letras, y a los de mi familia en particular, no lês entusiasmaban mucho las cartas.
Así fue que mi abuelo José nunca más tuvo noticias de su hermano, ni nadie en la familia se volvió a preocupar por los parientes caribeños, hasta el dia en que me telefonearon de Pasacaballos (d).

—¡Hola!¿sí?¿quién habla?
—¿Es la residencia del Sr. Villanueva?— un acento cantado, del otro lado de la línea.
—Sí.¿Con quién desea hablar?— pregunto, intrigado.
—Con el Sr. Villanueva, por favor.
—Soy yo. ¿De parte de quién?
—Mi nombre es Unzaga. Soy su pariente, y Le hablo de Pasacaballos, en Cuba.
—Bueno,...este,...encantado... ¿en qué puedo servirlo?
—Mira, chico (e), te llamo porque tu tío Luis, sobrino de tu abuelo Victoriano, está muy viejecito (e), y antes de morirse quiere verte. Y también porque su padre, Federico, le dejó como último pedido, que te entregara una herencia...— dijo el cubano, y... se cortó la comunicación.

Colgué el tubo, y ya sabía que la curiosidad era más fuerte que mi voluntad. Sin pensarlo dos veces llamé a Cuca, que tiene una agencia de viajes em Lavalle y Maipú, cerquita de Florida (12), para averiguar el precio de los pasajes.
Mareado por lo inusitado de la llamada de Cuba,
pero mordiéndome de curiosidad, saqué la valija(13)y el pasaporte, y mientras con una mano metía ropas y papeles, con la otra me las arreglaba para telefonearle al jefe.

El teléfono suena cinco veces en la redacción de “ProHispam”. Quien atiende es Chango, un tucumano, asistente del jefe:

—Hola. ¿Chango? Es Javier, ¿y la “Chancha”, ya llegó?... medias (14), saco (14) de verano, chombas (14)...
—No, no llegó... ¿pero que es éso de “medias, saco, chombas”?—, dice el “Chango”, intrigado.
—No, nada, loco (15)... esteee..., mirá (f), decile a la “Chancha” que me tomo una semanita de descanso, que le voy a traer una nota del Caribe. ¡Chau, ché! (f)
—Pero, Javier, pará (f), ¡loco!, escucháme (f),— le oí balbucear al Chango antes de colgar.

No pasaron ni diez minutos y suena de nuevo el teléfono. Un sonido típico de larga distancia me dice que son otra vez mis parientes de Cuba. Se escucha un eco antipático, también muy común en lãs llamadas internacionales vía satélite.

—¡Hola, sí, soy yo...!— contesto, cada vez más curioso.
—Villanueva, otra vez le comunico con el Sr. Unzaga de Pasacaballos...— el cantito caribeño de La telefonista me deja medio abombado.

—Mira chico, apúntate la dirección de mi tío en la Habana— me larga sin preámbulos mi pariente cubano— El Vedado, calle José Martí, número 37, fondo, el teléfono es 27453, búscalo en la Asociación de Ajedrez, y...— otra vez se corta la comunicación.

Era pleno mes de julio, el mes de las vacaciones de invierno en la Argentina.
El centro de Buenos Aires se llena de ruidosos turistas brasileños que caminan, medio perplejos ante las maravillas del cambio, que les era desfavorable en los años de Menem y ahora, en cambio, todo les resulta baratísimo.
Los brasileños se dan, de vez en cuando, unas escapaditas disimuladas hasta los televisores de La peatonal de Florida para enterarse cómo van los partidos de fútbol de la Copa (h).
Y, para variar, los partidos decisivos están outra vez muy disputados entre los jugadores brasileños “canarinhos” (h) y el seleccionado albiceleste (h) de Argentina.

Salí de la agencia de Cuca con el pasaje y la tasa de embarco pagados. Y con el tiempo justito para llegar a Ezeiza y tomar el 727 de Aerolíneas Argentinas que salía los viernes para el Aeropuerto José Martí, en Habana.

Llegué unas doce horas más tarde, después de parar dos veces, una en Manaos y otra en Aruba.
Esta ruta era un paraíso del turismo “médio pelo”(16) de Argentina y de Brasil; aunque reconozco que no dejaba de tener sus encantos.

En Aruba fue donde escuché por primera vez el “papiamento”(i) criollo; y volando sobre las aguas esmeraldas del Caribe, entre Jamaica y Haití, me acordé de los versos de Nicolás Guillén (j), que hablan del “largo lagarto verde”, refiriéndose a Cuba, pero que podían servir también para las otras islas grandes de las Antillas.

Al desembarcar nos sacaron fotos, tal vez para confirmar que no éramos espías y, como por compensación, nuestros pasaportes no fueron sellados con los timbres de Cuba, –lo que podia impedirme luego ir a los Estados Unidos–.
Mi hotel, reservado por la agencia de Cuca, quedaba en el Vedado, antigua zona residencial, con varios hoteles y embajadas.
El Hotel Riviera, construido a pedido del mafioso Lucky Luciano, todavía era uno de los mejores exponentes de los años 50.
Cuenta con casino, cabaret, bar americano y piletas de natación con aguas saladas (lo que después de la Revolucióndejó de ser un lujo, ya que el água dulce se hacía cada vez más cara).
Como entré al hotel a las once y cuarto, todavia tuve tiempo de salir a dar una vuelta por la Habana Vieja.

Me ubiqué en la guía de calles que me dieron en el hotel y caminé hasta la calle Chile y doblé por José Martí. El número que me pasó mi presunto (18) pariente por el teléfono no existía. Intrigado, me alejé del lugar.

Pasé por la Catedral, donde unos recién casados se sacaban fotos en frente al Museo de la Revolución.
Me paré en La Bodeguita del Medio (k) y vi una foto antigua del viejo Hemingway (k).

Fue entonces cuando noté que me estaban siguiendo. Pero no tuve tiempo de meditar mucho sobre el asunto; casi de inmediato un muchachote de unos diecinueve años me abordó en el mostrador de La Bodeguita:

—Yo también soy Unzaga; el mensaje era de mi tio Luis. Él fue quien te telefoneó. Mi nombre es Carlitos.—
—Mucho gusto— le dije, casi tartamudeando.—

Quiere decir entonces que, después de noventa años, y tres generaciones de por medio, venimos a descubrir que
los Unzaga de Argentina y los de Cuba seguimos siendo
parientes y...—
—Venimos, no. Vienes tú solo, chico. Porque los de aquí de Cuba siempre tuvimos noticias de ustedes, los “chés”(19), y si no cogimos el teléfono antes para contactarlos, fue nada más que por falta de recursos—.
—Y decíme (f) entonces— volví a balbucear yo,— vos (f) y tu familia sabían todo sobre nosotros porque alguien se lo contaba o...—
—Todo a su tiempo— me cortó mi joven pariente cubano.— Lo que interesa ahora es contarte la historia
de los seis cuadros.
—¿Seis cuadros?— casi grité yo, cada vez más intrigado, al mismo tiempo que mi recién conocido pariente me tapaba la boca con su mano.
—¡Shhh! ¿Que no les enseñan en Argentina a tener un poco de discreción?

Yo casi ni me di cuenta, y el hombre que antes me seguía, ya estaba a mi lado, abrazándome efusivamente.
Muy suave me empujó para afuera de La Bodeguita y me colocó dentro de un taxi.
—Entre, Villanueva, por favor—
En las calles angostas de la Vieja Habana se apretaban grandes ómnibus de fabricación rusa o italiana, con Fiats 600 argentinos y antiguos sedanes norteamericanos de la década del 50.
Las “guaguas”, o colectivos, pasaban llenas de chicos con graciosos uniformes azules, rojos y blancos.
Nos bajamos del taxi al llegar al Malecón (20).
Una brisa húmeda y melosa se nos pegaba al cuerpo, y las guayaberas (21) blancas de mis parientes cubanos flameaban enloquecidas cada vez que las olas golpeaban furiosas contra las piedras.

—Bueno, ¿vamos al grano (22), ché?— les dije. Parece que ellos simpatizaron con mi acento porteño; cruzaron unas miradas y unas risitas rápidas y ahí nomás empezaron a desembuchar (23).
—Lo de los seis cuadros es una historia que viene de los primeros meses después de la revolución,— dijo el mayor de mis primos segundo, el que me estaba siguiendo.
—En febrero o marzo del 60, una fiebre de buscar tesoros contagió a casi todos los habitantes de La Habana. Es que muchos ex-millonarios, antes de volar para Miami (24), escondieron sus fortunas en dinero o joyas, en sus propias casas, camuflándolas dentro de una pared, un sofá, una silla o un cuadro.
—Las viejas caseronas del Vedado, abandonadas de golpe por sus ricos propietarios, estaban ocupadas desde entonces por familias enteras, que dedicaban una parte del día a agujerear paredes, buscando los tesoros dejados por los “gusanos”(25) —, continuó mi primo.
—¿Y los cuadros?— pregunté yo, cada vez más curioso.
—Un momentico (l), chico— hizo una pausa Fernando, el hermano mayor de Carlitos.
— Un momentico, que lo de los cuadros nos lo contó unos
cinco o seis años después un ex-sirviente en la casa de nuestro abuelo, Federico Unzaga...
—¡El hermano de mi abuelo!— interrumpí yo outra vez.
—Sí, chico, Federico, el hermano de tu abuelo— continuó Fernando— que al llegar de España se volvió un hombre muy rico y avaro. Ya viudo, y vuelto a casar con una guajirita(l) mucho más joven, lo sorprendieron los nuevos tiempos dela Revolución.
Total que, casi con un pie en la tumba el viejo le cuenta a su fiel sirviente que su fortuna estaba repartida entre dos cuadros.
—¡Dos cuadros!— repito, medio atontado.
—Sí, chico, en dos cuadros o, mejor dicho, en los fondos falsos de dos lienzos que formaban parte de una colección de seis lindas imitaciones del joven Dalí—, completó Fernando.
—De los dos cuadros que realmente importaban— continuó mi primo segundo,— o de los dos falsos fondos de tela, uno cayó en las manos de un jefe de Brigada, que lo donó todo, dinero y joyas, para el museo de la Revolución, que a su vez lo destinó a La construcción de una escuela.
—El otro cuadro, según nos contó el ex-sirviente en su lecho de muerte en Pasacaballos, hace un par de meses, salió misteriosamente hacia Córdoba, en tu país, unos quince años atrás—, resopló Fernando, apenas llegó al punto alto de su relato.
—¿Y?— volví a balbucear yo, por tercera vez en lo que iba del día.
—Y ahí,— dijo Carlitos, mi primo segundo menor,— ahí es que tú entras, chico.
—¿Y vos me venís ahora con todo este rollo, cuarenta y pico de años después de la Revolución, noventa años después que los viejos se las tomaron de España?— dije yo, haciéndome el indignado,— ¡y me decís que yo entro en este cuento! ¿cómo, cómo, me querés decir?— y enseguida bajé la voz, antes que mis primos me taparan la boca de nuevo.
—¿Sabes, chico?,— volvió a empezar, bien mansito Fernando,— es que hace unos treinta años, cuando volvió al gobierno en tu país el general Perón, (26) ¿recuerdas?
—Sí, el “Pocho”, (26) inolvidable— dije yo, pensando para mis adentros si algún argentino podia realmente olvidarse de algo relacionado con Perón.
—Que cuando Perón volvió a Argentina,— continuó Fernando— y para ayudar a romper el bloqueo a Cuba, lo primero que hizo fue venderle a mi país una partida de taxis Fiat, que son producidos en Córdoba. Y entre los ejecutivos de la compañía que vinieron a firmar el contrato, apareció un gringo...
—¿Un tano?— interrumpí yo de nuevo.
—¿Cómo?, ¿un qué?— dijo Fernando.
—Un italiano, un gringo—, me corregí, aclarándole al cubano, como les llamamos cariñosamente en la Argentina a los inmigrantes italianos, que forman gran parte de la población de mi país.
—¡Ah!, sí, venía de Córdoba, pero era de la Fiat de Turín, y el hombre se quedó encantado con un cuadrito antiguo, que él juraba que era un Dalí auténtico,— continuó Fernando.
—¡Ajá! un Dalí, ya veo por dónde viene la mano,— comenté.
—Bueno, y de las manos de una guajirita simpática que lo heredó de nuestro abuelo, sin saber su verdadero contenido, el cuadro fue a parar al sur, bien al medio de la pampa seca, en la provincia de Córdoba, Argentina,— suspiró aliviado Fernando al terminar el relato.

No hubo mucho tiempo para seguir la conversación. Una marejada violenta casi estrella un auto Lada contra el muro del Malecón; casi al mismo tiempo, se estacionaba con una frenada y nos abordaba una patrulla policial.
Dos muchachos uniformados se bajaron del coche y me preguntaron si los cubanos me estaban molestando, que si por casualidad me estaban pidiendo que les cambiara dólares, algo completamente prohibido por aquella época.

Como les dije a los policías que todo estaba bien, se alejaron con un saludo rápido. Mis dos flamantes primos, sin mucha formalidad, desaparecieron casi tan rápido como habían surgido de la nada, dejándome intrigado con su historia fantástica.
Y así me fui yo, caminando y silbando bajito um “cha-cha-chá” de los años 50, pensando en el extraño ir y venir de cuadros, de tesoros, de revoluciones, hasta llegar al Riviera, y dormirme profundamente con los zapatos puestos, con un calor de casi 40 grados.

Bajaba más tarde al “loby”, como le dicen em Cuba a la planta baja, y se me aparece un petisito con sombrero y cara de policía, de civil.
Con un bigotito fino a lo Clark Gable, y un jopo (j)engominado, el sabueso pidió un daiquirí para mi y una tropi-cola para él.

Me miró fijo y me dijo: —Sr. Villanueva, hemos detenido anoche a dos falsificadores, en el momento exacto en que trataban de embarcar por Aerocuba un cuadro, imitación de un Dalí, destinado a un tal Jorge Unzaga, en Córdoba— dijo, mientras me miraba con aire de sospecha.
—Descubrimos que él es su pariente, y luego de interrogar a los pillos, supimos el paradero de outro familiar suyo; esta vez se trata de un cubano, el señor Luis Unzaga, que los malvivientes escondieron en un bohío (27) cerca de la entrada de Pasacaballos,— agregó.

Siempre me encantó la tonadita dulce de los cubanos. Me gustan, sobre todo las “eses” que se tragan al hablar, no sólo en el medio o al final de las palabras, como mis parientes catamarqueños o cordobeses, sino a veces también al principio.
Pero en esta ocasión no estaba de humor como para prestarle atención al acento del policía; más bien me esforzaba por no perder ningún detalle Del relato que me traía.
Le conté, por supuesto, el “verso” que mis presuntos primos me estaban vendiendo. Él escuchó sin decir una palabra; después pidió un mamey colorado, una fruta típica muy sabrosa, y me invitó a dar una vuelta por el Museo, que queda en un antiguo fuerte español, mientras acababa de enterarme de la historia.

—El truco, según parece, consistía en hallar en el exterior un pariente de algún ex-millonario. Acto seguido, llamaban por teléfono a la víctima; lo interesaban hablándole del familiar alejado durante muchos años, de tal suerte que lo hacían venirse a Cuba,— retomó el hilo el policía.
—Y le contaban una historia, medio verídica y por lo tanto verosímil –continuó, mientras mirábamos los cuadros de una exposición de pintura en el Fuerte– como la de una supuesta fortuna escondida dentro de los cuadros.

—Casi me vendieron un buzón (28), –dije yo, que empezaba a darme cuenta de la trama–. Supongo que, después de que llegaran los cuadros a Córdoba, ellos iban a tratar de venderme una parte del tesoro imaginario.
—Tan fácil y simple como lo dices, chico –encerro el asunto el policía, mientras me señalaba unas cerámicas, a la salida del Fuerte. –Boniticas, ¿no?—

Ahí nomás nos despedimos; siguió el policía a pie por la vereda del edificio que antes de La Revolución era la embajada norte-americana. Y yo seguí caminando hasta la parada de taxis, donde agarre un Lada que me dejó en el Hotel Riviera.
El antiguo cuatrimotor a hélices que nos llevó hasta Cayo Largo era piloteado por un hombre de unos cincuenta años, veterano de las guerras en Angola, que mezclaba la tonada cubana con un fuerte acento portugués, de Lisboa.

Bajamos una docena de turistas, que fuimos enseguida muy bien atendidos por los recepcionistas de Cubatur.

Agua mineral, ron, azúcar y menta. Rumba y chacha-chá, para olvidarme de la frustración de casi ser
estafado.
El avioncito parte mañana a las siete y media. Rumbo a Ciudad de México, la antigua Tenochtitlán, la legendaria capital de los aztecas hasta hace casi un medio milenio.
Pero ésta ya empieza a ser otra historia.

FIN
Javier Villanueva. Corresponsal de “PROHISPAM”. Noviembre de 2001.

Notas culturales y lingüísticas para entender mejor el cuento “Los parientes de Cuba”

1. Corajudos: (Arg/Urug) valiente, con gran coraje. (En portugués: corajosos).
2. A la buena de Dios (ao Deus dará) A merced de la suerte, sin planificación ni ayuda de nadie.
3. Con una mano adelante y otra atrás (com uma mão na frente e outra atrás). Sin nada, sin pertenencias ni dinero.
4. A la que te criaste. (De qualquer jeito) Con lo que se aprende en la calle, sólo con la experiencia de vida, sin escuela ni ayuda de nadie.
5. Con un pan debajo del brazo (com muita sorte e trabalho, apesar
da pobreza) Con buena disposición y listos para trabajar, aunque muy
pobres y sin recursos.
6. Pago, querencia (a terrinha) lugar de nacimiento o de la parte más importante de la vida de un habitante del campo.

a. Guerra Hispano-americana, o Guerra con los Estados Unidos. Conflicto armado de fin del siglo XIX en que España perdió SUS últimas posesiones en América (Cuba) y parte de su imperio mundial (Las Filipinas) que quedaron bajo control de los EEUU.

b. La Forestal: El territorio que ocupó formó parte de la reserva maderera de quebrachos colorados más grande del mundo. Fue la mayor compañía de exportación y fabricación de tanino de quebracho colorado en el mundo, y llegó a ocupar un 15% de Santa Fe, provincia del este argentino.
La adquisición de su territorio constituyó la venta de patrimonio fiscal argentino más importante del siglo XIX. En 1872 el Gobierno de la Provincia de Santa Fe contrató un empréstito en Londres, cuyo pago no fue cubierto. Debido a esto, en 1880 el gobierno envió a las Cámaras Legislativas un proyecto de ley para el pago de la deuda, por el cual las tierras serían vendidas en Inglaterra u otras partes de Europa, para destinar lo producido al pago del préstamo.

7. Los diaguitas-calchaquí, indios del noroeste argentino, son hoy aproximadamente 6.000 personas. Hay también numerosos descendientes mestizos en los valles Calchaquíes de Tucumán y Catamarca (províncias del NO de la Argentina). Los calchaquíes pertenecieron al grupo étnico de los diaguitas, que desarrolló la cultura indígena más compleja en territorio argentino. Perdieron su lengua al ser absorbidos por el quechua, pero el arte diaguita relumbró en la cerámica y la metalurgia.
Antes de la dominación española, hacia 1480, durante el reinado del Inca Tupac Yupanqui los incas se adentraron en territorio argentino.
Hoy ocupan la tierra por arriendo. Lucharon valerosamente por ella en la época de la conquista, sufriendo persecución, muerte y destierro –los Quilmes, pertenecientes a esta nación y una de sus tribus más guerreras, fueron trasladados a la provincia de Buenos Aires, en época de la
colonia, para que perdieran su identidad como pueblo, para dominarlos y arrebatarles la tierra-. Aún así conservan elementos de su rica y milenaria cultura, con rituales a la Pachamama, formas de cooperación y el canto con percusión de bagualas, tonadas y vidalas.

8. Pircas- Antiguas paredes hechas con bloques de piedra en seco, de forma rectangular, al pie de los cerros del noroeste y de la Patagonia argentinas, forman corrales de 100 por 150 metros. Estas raras construcciones, describen, roca sobre roca, recintos circulares que custodian los valles y quebradas, donde aún se conserva el secreto de su origen. Estos corrales debían encerrar por las noches las haciendas cimarronas y sin dueño que vagaban sueltas por la pampa.
Son paredes levantadas por indígenas para controlar también el movimiento de personas y animales a lo largo de los valles que comunican a la Argentina con Chile, logrando con ello una mayor eficacia en el traslado de ganado, y un sistema encadenado de puestos defensivos.
También se presume que tenían por objeto la gran feria a la que periódicamente concurrían los araucanos chilenos con sus tejidos, y los tehuelches, patagones y ranqueles de la Patagonia argentina, con sus peleterías y sal, que negociaban con los pampas, huacaces y pehuenches, entregando en pago ganados vacunos y caballares que robaban a los hacendados fronterizos.

9. Chúcaras. (em português: chucras) Animales no domesticados, o no domesticables, sin doma.

10. Mistoles y algarrobos. Árboles frutales del norte de la pampa seca argentina (Córdoba, Santiago del Estero, Catamarca y NO)

11. Mita. Era una forma de reparto de los indios entre los colonizadores; también se llama así al reparto del turno del agua para los riegos en el NO argentino.

d. Pasacaballos. Localidad de Cuba, cerca de Trinidad y de Cienfuegos.

e. Chico: apelativo, forma de llamarse entre amigos en Cuba, similar al “che” argentino, que se podría traducir por “meu” en el portugués informal de São Paulo.

e. Viejecito: (velinho) viejito.

12. Calle Florida: calle tradicional, del centro de Buenos Aires, muy visita da por los turistas.

13. Valija: (mala) maleta de viaje.

14. Medias: (meias) calcetines.

14. Saco: (paletó) chaqueta.

14. Chomba: camiseta sport.

f. Mirá. Forma verbal argentina, uruguaya y paraguaya (voseo) que en el imperativo reemplaza a mira.

f. Decile, reemplaza a dile.

f. Pará, reemplaza a para.

f. Escucháme, reemplaza a escúchame.

h. La Copa. Campeonato Mundial de Fútbol que ocurre cada 4 años. Canarinhos, nombre popular del seleccionado brasileño. Albiceleste, denominación popular del seleccionado celeste y blanco argentino.

i. Papiamento. Lengua criolla de Jamaica y otras islas del Caribe, Aruba, Curazao y Bonaire. Mezcla léxicos del español y portugués principalmente, sin que se pueda realmente diferenciar de cuál de ellos provienen, y en menor medida del holandés, el inglés, y de diversas lenguas africanas. Es una lengua que cuenta con literatura, periódicos, revistas, y sitios web.
“Pa scucha e programa radial “Papiando Salud*” riba internet please bai na www.Hit94.com. Porfabor nota: E programa aki ta wordo transmiti na Papiamento.
http://www.viananaturalhealing.com/mainpap.html “.

i2. Momentico. En el Caribe y Centroamérica el diminutivo más común es -ico, en lugar de -ito, muy común en el resto de América Latina, y de -illo, más usado en España.

j. Guillén, Nicolás (1902-1989). Poeta cubano, representante de la poesía negra de su país. Desde su juventud participó intensamente en la vida cultural y política cubana, lo que le costó el exilio en varias ocasiones. Tras el triunfo de la Revolución en 1959 desempeñó cargos y misiones diplomáticas de relieve. Inició su producción literaria posmodernista y vanguardista en los años veinte. Se convirtió muy pronto en el representante destacado de la poesía negra afroantillana.
En Motivos de son (1930), Sóngoro cosongo. Poemas mulatos (1931), West Indies Ltd. (1934) y poemas dispersos en libros posteriores, logró la expresión auténtica de una cultura mulata, propia de un país mulato como él mismo, y manifestó una preocupación social creciente.
Desde West Indies Ltd., evolucionó hacia lo político y lo social: en Cantos para soldados y sones para turistas (1937),El son entero (1947) y La paloma de vuelo popular (1958), mostró su compromiso con la patria cubana y americana, con los negros y con todos los desheredados del mundo.
Su Poema en cuatro angustias y uma esperanza (1937) acusó el impacto de la Guerra Civil española y El asesinato de Federico García Lorca.
Tengo (1964) expresa su júbilo ante la Cuba revolucionaria, yPoemas de amor (1964), El gran zoo (1967), La rueda dentada (1972), El diario que a diario (1972) y Por el mar de las Antillas anda un barco de papel.
Poemas para niños y mayores de edad (1977) demuestran
su capacidad para conjugar preocupaciones diversas y encontrar formas de expresión renovadas. En Prosa de prisa(1975-1976) se han recogido sus trabajos periodísticos.

j. Jopo. Mecha de pelo levantada sobre la frente. Puede llevar gel fijador. (topete).

k. Ernest Miller Hemingway, escritor estadounidense, nació en 1899 en Chicago. Se aficionó al fútbol, al boxeo y la caza. Al acabar en 1917 sus estudios medios renunció a entrar en la universidad y consiguió
trabajo en el rotativo Star de Kansas City. Viajó por distintos países de Europa y Africa. Cuando su país intervino en la Primera Guerra Mundial quiso alistarse en el Ejército, pero una antigua herida se lo impidió.
Entró en la Cruz Roja y se convirtió en conductor de ambulancias en el frente italiano, donde fue herido de gravedad antes de los 19 años. De regreso a los Estados Unidos reingresó al periodismo, como corresponsal del Toronto Star. Su periódico, y la cadena de periódicos de Hearst, lo nombró corresponsal en Europa. En 1927 regresó a Estados Unidos, y en 1930 se mudó a Florida, que desde entonces sería su lugar de trabajo, pesca y descanso. En 1929 va a España, adonde vuelve en 1937, durante la Guerra Civilcomo corresponsal; se inclina por la república, a la que defiende con artículos y novelas. Luego va a China como corresponsal de guerra. Más tarde fue reportero del Ejército de Estados Unidos.
En 1944 fue testigo del Día D: el desembarco aliado en las playas francesas.
Llegó hasta París con las tropas libertadoras. Después de la guerra, se estableció en Cuba, cerca de La Habana. Utilizósus experiencias de pescador, cazador y aficionado a los toros en sus obras. Estuvo al borde de la muerte en la Guerra Civilespañola, cuando estallaron bombas en su hotel, en la II Guerra Mundial al chocar con un taxi durante los apagones de guerra, y en 1954 cuando su avión se estrelló en África.
En 1969 abandonó Cuba y se instaló en Estados Unidos. Sufría ya problemas mentales, y fue hospitalizado dos veces a causa de la depresión, que finalmente no pudo vencer, suicidándose de un tiro de escopeta el 2 de julio de 1961.
Fue uno de los escritores más importantes entre las dos guerras mundiales. Su primera obra está fechada en 1923. Un año más tarde, aparece un volumen de cuentos titulado Ennuestro tiempo (1924, Hombres sin mujeres (1927), que incluía el cuento Los asesinos y El que gana no se lleva nada(1933), que describen las desgracias de los europeos.
La novela que le dio la fama, Fiesta (1926), narra la historia de un grupo de estadounidenses y británicos que vagan sin rumbo por Francia y España, miembros de la generación perdida del periodo posterior a la I Guerra. En 1929 publicó su segunda novela importante, Adiós a las armas. SiguieronMuerte en la tarde (1932), sobre corridas de toros, y Lasverdes colinas de Africa (1935), sobre caza mayor. Tanto su novela Tener y no tener (1937) como su obra de teatro La quinta columna, publicada en La quinta columna y Los primeros cincuenta y nueve relatos (1938), condenan las injusticias políticas y económicas. Dos de sus mejores cuentos, La vida feliz de Francis Macomber y Las nieves del Kilimanjaro, forman parte de este último libro.
En Por quién doblan las campanas (1940), basada en su experiencia durante la Guerra Civil española, intenta demostrar que la perdida de libertad en cualquier parte del mundo es señal de que la libertad se encuentra en peligro en todas partes. Por el número de ejemplares vendidos, esta novela fue su obra de más éxito. En la década siguiente, sus únicos trabajos literarios fueron Hombres en guerra (1942), y La novela Al otro lado del río y entre los árboles (1950).
En 1952 publicó El viejo y el mar, novela corta sobre un viejo pescador cubano, con la que ganó el Premio Pulitzer de Literatura en 1953. En 1954 recibió el Premio Nobel de Literatura. Su última obra publicada en vida fue Poemas completos (1960). Los libros que se publicaron póstumamente incluyen París era una fiesta (1964), un relato de sus primeros años en París y España, Enviado especial(1967), que reúne sus artículos y reportajes periodísticos,Primeros artículos (1970), la novela del mar
Islas en el golfo (1970) y la inacabada El jardín del Edén(1986). Dejó sin publicar 3.000 páginas de manuscritos.

k. La Bodeguita del Medio. Restaurante o bodega bohemia, muy famosa en La Habana, queda en la calle de Empedrado, entre edificios coloniales, atrás de la Catedral barroca. En ella, Hemingway, Nicolás Guillén y otras decenas de escritores, artistas y políticos han dejado sus firmas o dibujos recordativos. Fundada en 1942 por Ángel Martínez, era una minúscula tienda de venta de víveres. Como habían otras bodegas en las esquinas vecinas, empezaron a decirle “del Medio”, en vez del nombre original “Casa Martínez”.

15. Loco. Igual que “che” se usa como una forma familiar o amistosa de dirigirse a alguien para llamar la atención. Se parece al “ô meu!” informal de los paulistanos.

16. Medio pelo. Forma despectiva de referirse, en la Argentina, a la clase media baja en ascenso.

17. Mojito. Bebida típica de La Habana, inmortalizada por escritores y artistas, mencionada por Graham Green y Hemingway. Dicen que nació en los años 30, en una recepción en el Hotel Sevilla, en La Habana, buscando una bebida que pudiera simbolizar a Cuba. ¡Y parece que lo lograron!.

18. Presunto. Adjetivo, significa “supuesto”, “que se presupone que es” (en portugués, pretenso, presumidamente).

19. Chés. Apodo que los cubanos y centroamericanos dan a los argentinos por su uso repetido del “che” al llamar a un amigo. Ver “Ché Guevara”.

20. Malecón. Nombre que se les dá a los paseos marítimos o veredas costaneras en Cuba, Santo Domingo y el caribe en general. En La Habana, el Malecón rodea el barrio del Vedado y el Centro hasta laHabana Vieja. Tiene 5 km de longitud, del Castillo de la Punta a la Chorrera. Para los
habitantes de la Habana y para los turistas, es muy agradable “hacer” el Malecón en coche descapotable, muy despacito, al caer la tarde, cuando el sol “entra” en el mar. La avenida sería muy hermosa pero lãs casas vecinas han estado descuidadas durante más de treinta años. La Unesco empezó la refacción de las casas desde el Castillo de la Punta.

21. Guayaberas. Camisas típicas del Caribe, muy amplias y frescas, con cuatro bolsillos, dos de ellos en la parte inferior.
22. Al grano: directo al asunto. Derecho al tema (en portugués, direto ao ponto).

23. Desembuchar. Decir todo de una vez, sin vergüenzas, “soltar” todo (en portugués, desembuchar).

24. Volar para Miami.Cuando ocurrió la revolución Cubana, los sectores más ricos y contrarios al nuevo régimen salieron al exilio en Florida, EEUU.

25. Gusanos. Los que apoyaban a la revolución y a Fidel Castro llaman así a los que se exiliaron en Miami.

26. Juan Domingo Perón, cuyo apodo era “Pocho”, gobernó a la Argentina desde 1946 hasta 1951, y entre 1973 y 1974.

27. Bohío. Cabaña o choza de caña, vivienda popular rural en Cuba, América central y Caribe.

28. Vender un buzón. Engañar, estafar a alguien con un supuesto negocio, embaucar, (en portugués, passar a perna).


Para El estudiante de español:
¡A ver si lo hemos entendido todo!

1. ¿De dónde salieron y para dónde fueron el abuelo del
protagonista y su hermano?
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2. ¿Qué informaciones dan acerca de Aruba? ¿Conoces la isla?
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3. ¿Cómo se llama y cómo es el hotel dónde se hospeda
Javier?
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4. ¿Qué cuenta el protagonista acerca de los autos de Cuba?
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5. ¿De qué países vienen tus abuelos? Si lo sabes, investiga
las ciudades desde dónde salieron.
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6. ¿Conoces a alguien que haya venido de otro país o a
algún brasileño que se haya ido a vivir en el exterior?
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7. ¿Y tú? Has pensado en cambiar de país? ¿Por qué?
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8. ¿Cómo era la historia de los seis cuadros? Cuéntalo con
tus propias palabras.
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9. ¿Alguna vez te han intentado engañar?
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10. ¿Conoces a alguien que haya recibido una herencia?
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11. El protagonista cita una fruta diferente ¿Cuál es? ¿Qué
frutas le presentarías a un turista en Brasil? Descríbela.
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sábado, 8 de julho de 2017

La poesía gallega y el idioma de Galicia, hoy.

sábado, 8 de julho de 2017

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Sobre la autora de la reseña: Susana Diez de la Cortina Montemayor es filóloga, directora académica  de AulaDiez español online (www.auladiez.com) y autora de numerosos libros de poesía y de enseñanza de español para extranjeros.

POESÍA GALLEGA ACTUAL: 

Rafael Catoira Rey (Laxe-Culleredo, A Coruña, 1951)

Si convenimos con Antonio Machado en que poesía es “palabra esencial en el tiempo”, estamos ante un ejemplo cabal de eso mismo cuando leemos los versos de Rafael Catoira Rey. 
Este autor, cuya obra poética fue premiada en el trigésimo noveno “Certame Literario de Vilalba 2013” – mención aparte merecería su prosa, también premiada en varias ocasiones, de la que sin duda nos ocuparemos en otro momento – tiene publicado un único libro de poesía que lleva por título Navegando cara a Ítaca (colección “Libros do Sarela”, Ed. Alvarellos, 2014), pero es sin embargo sobradamente conocido por sus artículos en “Galicia Dixital” y en distintos foros de poesía gallegos por la publicación en ellos de sus más recientes poemarios, como este que vengo a comentar hoy aparecido en “Palavra comum” y cuyo título abre una colección de poemas de gran profundidad en lo que a primera vista podría parecernos simple juego de palabras: No volver que seremos estamos. 

Elijo el estremecedor final del poemario referido como muestra del talento poético de su creador, cuya hondura e intuición estética se une a la certera expresión del pensamiento sobre lo que hemos sido desde nuestro primer ancestro, el cual, presente en el actual ‘nosotros’ será también quien, volviendo tras nuestra marcha, nos nazca:

Antigo dito da tribo Hopi:

Nós somos aqueles aos que estabamos a agardar.

***

A xeito dun final, cando nada remata.

Crepúsculo

I
No amplo berce escuro do ceo
seguir as luces que guían os astros. Ollar na noite.
Apoderarse dese astro que brilla ao lonxe,
na esquina dun universo que cabalga
a súa propia sombra
desde a primeira laparada,
sobre o brillo dese lume primeiro
onde naceu o tempo.

II
Cantas veces é lembranza o que vexo
e ao seu lonxincuo abismo asómome
para perderme no encontro!
Ver morrer o día é coma ver nacer o lume,
dilatarse no fume, espiral e labirinto,
medrar cara ás nubes e regresar ardendo no volver,
nacer


El ser y el tiempo, la esencia de lo que somos desde aquel primer ancestro hasta su sucesor final en un ‘ser contigo en el tiempo’: poesía esencialmente atemporal, la de Catoira, que es tanto como decir poesía universal.
Pontedeume (A Coruña), julio de 2017.



Galicia, el gallego, y su lengua hermana, el portugués

El 17 de mayo es el día de las letras gallegas, fiesta de la lengua y homenaje a escritores de la literatura de Galicia. Fue instituido en 1963 por la Real Academia Gallega para homenajear a los escritores que usaban el idioma en sus obras literarias, pues en 1863, 17 de mayo fue cuando se publicó en Vigo la obra Cantares Gallegos de Rosalía de Castro.

Desde la aprobación de la constitución española y del Estatuto de Autonomía, el gallego es lengua oficial junto con el castellano en Galicia, con gran desarrollo popular, literario y en todos los niveles educativos, incluso la superior. Las tres universidades gallegas - A Coruña, Santiago y Vigo- ofrecen estudios de lengua y literatura gallegas en nivel superior.

El gallego en su evolución, por motivos socio-políticos, entre los principales, la prohibición de uso y persecusión durante la ditadura franquista, fue más salpicado por el castellano que por el portugués. Pero desde 1983, con la Ley de normalización lingüística, avanzó el proceso de recuperación del idioma y las administraciones y otras entidades oficiales aumentaron el uso del gallego en la vida pública, en la educación y ámbitos sociales. Al punto que hoy es la lengua mayoritaria entre la población de Galicia, y casi 90% la habla habitualmente y la entiende el 94% , más de 2 millones y medio de personas.

Pero al final, para los que hablamos español y portugués, ¿qué es el gallego? Pues es una lengua románica que nació en el siglo IX con base en diferentes hablas celtas, y en la Edad Media, mantuvo una unidad lingüística con el portugués, siendo por lo tanto lenguas hermanas desde su origen.

Es posible que extrañe que la lengua portuguesa, “la última Flor del Lacio” — así llamada por el poeta brasileño Olavo Bilac—, originaria de una pequeña área de la Península Ibérica llegue al 6º lugar en popularidad entre los idiomas más hablados del mundo, superando a sus hermanas, la francesa y la italiana, cuya fama de cultas y elegantes son innegables.

El Gallego-Portugués, una lengua del grupo ibero-romance con su origen en la zona que abarca lo que hoy es Galicia y el norte de Portugal, la cuenca del río Miño, al NE de la península Ibérica se empieza a partir en dos al fin de la reconquista cristiana de los territorios ocupados durante casi ocho siglos por los moros árabes, que terminó en Portugal con la toma de Faro en el año 1249, casi 250 años antes de su final en España.

Tras todos estos procesos históricos, Portugal pasa a ser un reinado independiente de León y Castilla, mientras que su hermana Galicia se mantiene bajo las órdenes de este último.


Las carabelas llevaron a los portugueses – y su lengua-, cada vez más autónoma, lejos de su hermana Galicia, mientras las tierras gallegas y su idioma quedaban encerradas durante siglos bajo el dominio castellano. (Javier Villanueva)

quarta-feira, 5 de julho de 2017

Más se perdió en Cuba...y volvieron cantando.

Más se perdió en Cuba...y volvieron cantando.

El año de 1898 puede parecerle a la mayoría de los lectores demasiado remoto y poco importante, pero les aseguro que no es más que un pretexto para ver la España de finales del XX y sus cambios hasta la de hoy, al borde de una crisis social de grandes proporciones.

El desastre de España en su conflicto armado con los Estados Unidos no fue apenas una derrota militar que confirmó la tendencia de España a alejarse cada vez más de Europa; perdía sus colonias mientras otros imperios nacientes o remanentes multiplicaban las suyas en nueva expansión imperialista. Esa derrota generó una conmoción que era la muestra no sólo de la decadencia, sino del completo hundimiento de España. La pérdida de las dos últimas colonias españolas en América y además las Filipinas, se explica sin embargo, por el clima que vivía en España y en el contexto de la última gran expansión del capitalismo europeo, junto al despertar de otros países y de los primeros desafíos norteamericanos a la vieja hegemonía europea.

España, un simple eslabón débil en aquella cadena, trató desesperadamente de conservar sus colonias y en particular Cuba, a la que desde la península, unilateralmente, no la veían como a una posesión, sino como parte de la nación española; era un sentimiento unilateral, no compartido por los cubanos, pero difundido no sólo entre las élites políticas y los comerciantes de la península asentados en Cuba, sino por los militares y hasta por las clases populares, que despidieron con emoción a las primeras tropas embarcadas al comienzo de la insurrección cubana de 1895. Y hasta la Iglesia, otra gran entusiasta de la guerra.

Cuando falló la diplomacia con la trataron de contener la invasión norteamericana, y los políticos se vieron frente el dilema que le proponía la intervención de Estados Unidos, prefirieron la derrota segura antes que un golpe militar. Justamente porque no pudo decirse que la derrota se debía a un gobierno contrario a la opinión popular, y eran muchos los que se podían sentir responsables, la derrota fue prácticamente una catarsis; no hubo la rebelión ni el golpe militar que la monarquía y las elites temían, sino un giro en aquello que la literatura del desastre generó, y que al final fue la base del pensamiento de una nueva generación.


España a finales del siglo pasado

¿Cómo era España a finales del siglo XIX? Era una economía atrasada, con una agricultura no competitiva y ultraprotegida, y algunos centros industriales en Barcelona y el país vasco, también muy protegidos. Una sociedad rural y poco urbanizada, con grandes desigualdades sociales, culturales y regionales, un alto grado de analfabetismo y una carencia de clases medias. Pero por entonces la economía española se acercaba a las de los otros países del capitalismo europeo, y los efectos económicos de la pérdida de las colonias no fueron tan negativos, incluso porque la repatriación obligada de capitales significó una importante inyección en la economía española. Merced a las reformas fiscales, el presupuesto estatal consiguió a comienzos de siglo, por primera vez, un superávit, aunque eso no significaba que el estado español dejara de ser pobre en recursos, ni que aquella sobra momentánea de dinero fuera a convertirse en habitual. España estaba muy lejos todavía de los países desarrollados, aunque el panorama no era tan enyesado como algunos sospechaban.

La Monarquía de la Restauración era llamada oligarquica y caciquista, y quedó desde entonces como sinónimo del régimen político. La sociedad y la política españolas eran oligárquicas, porque eran controladas por una minoría; y para eso se apoyaban en el clientelismo de los caciques que permitían que los dos partidos políticos vinculados a las dinástías, los conservadores y los liberales, prepararan las elecciones y acomodasen sus resultados para una rotación pacífica de unos y otros. Aquello era una democracia, altamente imperfecta, como lo eran también la mayoría de los países europeos. La Monarquía restaurada en 1875 había conseguido acabar con la profunda inestabilidad del siglo XIX y levantó un sistema casi similar a otros europeos: una Monarquía constitucional, con soberanía compartida de las Cortes con el rey. Aceptando las reglas de juego, muchos liberales se incorporaron a partir del primer gobierno de 1881, sumando a la Constitución sus conquistas políticas,y culminando en 1890 con la aceptación del sufragio universal. Había terminado el exclusivismo de un partido único, predominante durante Isabel II, en favor de la alternancia y, con ello, borraban uno de los motivos de la intervención permanente del ejército en la política.

Con el nuevo siglo aumentaron las críticas al régimen y las denuncias de la traición de sus ideales liberales y de su pobreza democrática. Las críticas cayeron sobre los dos partidos gobernantes, en toda la clase política, y crecieron como consecuencia del fracaso militar y el inicio del ocaso del colonialismo en el 98.

¿Cómo compatibilizar las leyes que habían implantado el sufragio universal con la práctica política que lo desvirtuaba? Unos pensaban que le habían puesto una superestructura política demasiado avanzada sobre un estado atrasado, de una cultura liberal poco arraigada; el resultado había sido la distorsión del voto. Otros, sin embargo, pensaban que la distorsión era la lógica consecuencia de la voluntad de dominio de aquella oligarquía dispuesta a usar todas sus armas, incluyendo la violencia, para seguir en el poder. No fue fácil en ningún país de Europa el paso del liberalismo a la democracia, y en donde salió bien, fue gracias a minuciosas obras de ingeniería política, llenas de conflictos y dificultades, que no se resolvían con un grado más avanzado de desarrollo capitalista y de modernización social.

España vivía esos cambios en una situación peculiar. En 1897 moría en un atentado anarquista el artífice de la Restauración, Antonio Cánovas del Castillo; mientras Sagasta, el viejo caudillo liberal, llegaba al fin de siglo agotado políticamente. Los partidos de ambos caciques habían sido los pilares de la estabilización restauracionista. El fracaso de la guerra con los EEUU, en 1898 y el cambio de siglo traían perspectivas oscuras para las elites dominantes: un nuevo rey, Alfonso XIII, a punto de llegar a la mayoría de edad; un cambio difícil del liderazgo político; las inercias del clientelismo, la falta de una masa electoral y de una opinión pública organizada, además del rechazo a la política de grandes sectores del pueblo, catolicos intransigentes y antiliberales, que se oponían a la Constitución de 1876, de un lado, y anarquistas y socialistas del otro. La transición que ocurría en Europa, pasando de una política de minorías a otra de masas empezaba a producirse en España, pero era aún muy incipiente. Había una desmovilización política crónica, llena de conflictos, por motivos sobre los que los historiadores dan versiones encontradas. Los políticos dinásticos que debían suceder a los viejos caudillos, sabían que ya no era suficiente la estabilidad política lograda, y que tenían que hacer de aquella monarquía constitucional otra, una que fuera parlamentaria y democrática. No lo lograron.

Los partidos monárquicos debían convertirse en otros modernos, con más capacidad de movilizar a la opinión publica que de pastorear "clientes", sacándoles el protagonismo a la corona y el ejército, y dejando vía libre a otras fuerzas emergentes. Pero éstos - los republicanos, la izquierda obrera, los regionalistass y sus nacionalismos - también tenían que asumir ese desafío y la responsabilidad  de integrarse dentro de las reglas y el orden constitucional obtenido.

Nada de éso ocurrió. Terminó la alternancia pacífica entre conservadores y liberales y ambos partidos se dividieron; las fuerzas de oposición tuvieron cada vez más presencia y algunas entraron al gobierno. El bipartidismo original del régimen se volvió pluripartidismo en la práctica. Los caciques no desaparecieron, la lucha política aumentó y la aceptación pasiva por parte de la opinión pública del fraude electoral disminuyó. Aumentaron problemas como la cuestión catalana, la lucha social y el orden público, y la manutención de la intervención peninsular en Marruecos- que exigían el consenso de todos los partidos en cuestión, un imposible pacto social. Todo esto, en vez de ser visto como síntomas de un cambio político, fue visto como la confirmación de la decrepitud e inviabilidad del régimen. A ello contribuyó el discurso político deslegitimador del régimen que no hizo sino crecer desde aquella crisis del 98. Con el 98 habían irrumpido en la escena pública los intelectuales que, en generaciones sucesivas, fueron capaces de combinar el esplendor de la llamada 'edad de plata' de la cultura y de la ciencia en España, con una actitud pesimista y radicalmente crítica, no ya respecto a la vida política y el futuro de la monarquía, sino a la propia capacidad del pueblo español para salir de su atraso. En 1914, José Ortega y Gasset, anuncia la creación de la Liga de Eduación Política y habla en nombre de una generación "que nació a la atención reflexiva en la terrible fecha de 1898, y desde entonces no ha presenciado en torno suyo, no ya un día de gloria ni de plenitud, pero ni siquiera una hora de suficiencia".

No se puede responsabilizar a aquellos intelectuales del fracaso de la monarquía de la Restauración ni de traicionar el pasado liberal y a la idea de España-nación que el liberalismo representaba. Más de uno se levantaría de su tumba escandalizado. Pero tampoco cabe negar la importancia que tuvo un discurso descalificador que llegaron a asumir los propios políticos monárquicos. En 1923 el general Primo de Rivera dio su golpe de Estado y echó la culpa de todos los males a los 'políticos profesionales', halló terreno abonado.

España en este fin de siglo

El problema fundamental de España en el tránsito del siglo XIX al XX - ha escrito Raymond Carr -, fue un problema político: la búsqueda de un sistema que gozase de legitimidad, de ese largo período de aceptación generalizada que proporciona gobiernos estables. Los diferentes regímenes políticos que se sucedieron - la Monarquía de la Restauración, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República - fracasaron en su intento de conseguir suficiente lealtad y España se hundió en cuarenta años de 'cirugía de hierro', los de la dictadura de Franco. El nuevo Estado democrático - escribe Carr refiriéndose al actual - posee una legitimidad que les fue negada a todos los regímenes anteriores. Parece, efectivamente, que hemos consolidado una democracia estable y, no sólo eso, sino que vamos a ganar la carrera europea. Bien es verdad que la Europa a la que llegamos no es aquella de comienzos de siglo, y que los desafíos a los que debe responder en este mundo globalizado son radicalmente distintos, pero no deja de ser significativo que se cumpla en este final de siglo aquella aspiración de 'europeización' que estuvo en la mente de tantos en sus primeras décadas. Y más significativo aún que, una vez modernizada e integrada a una más moderna aún Europa, todo el edificio empiece a mostrar grietas profundas...por qué?

Termino mi perorata repitiendo lo que dije en la primera parte del anterior "Más se Perdió en Cuba":
La historia no es tan linear como la cuentan hoy algunos peridistas "políticamente incorrectos" que se han metido a querer ser historiadores, repitiendo simplismos reaccionarios que no llevan en cuenta los procesos contradictorios y nunca lineales de la política, las ideologías y, sobre todo, de los movimientos sociales profundos, que siempre mueven los cursos de la historia.

Javier Villanueva