sábado, 5 de agosto de 2017

Estación Coghlan y otros cuentos



Una reseña por día, todos los días.

Estación Coghlan y otros cuentos


De la cuentística de Mempo Giardinelli escribió Karl Kohut, de la Universidad de Eichstätt, en Alemania: "Las obras de Mempo Giardinelli son variaciones sobre la condición humana, no en un sentido abstracto sino concreto. Crea el universo de sus obras valiéndose de una escritura que parece realista. Pero ese realismo engaña: es irrealizado con diferentes recursos".
Otros comentarios sobre Mempo y su Estación Coghan:

“Lo sublime y lo grotesco con los términos dialécticos entre los  cuales se distiende la metáfora de Giardinelli para de definir su mundo narrativo. Revela a un escritor que domina el arte de la parodia. Arte duro, difícil. El de manejar la amargura con gracia, la desesperación cantando. Eso es la parodia para-ideia. Giardinelli canta, reflexión, luego habla.” Fernando Alegría, California USA.

“Giardinelli es un gran jugador literario, un lúdico incontrolable y también proclive al erotismo. Todo con una prosa que arrebata y nos lleva a donde al escritor se le da la gana”. Ignacio Trejo Fuentes. Sábado, suplemento de Unomásuno, México.

“En Giardinelli hay sexo y muerte, hielo y fuego, y todo encuadrado en una escritura concisa, precisa, afilada”. Christian Kazandijan. L’humanité/Revolution París. 

AUTOR: Mempo Giadinelli           ISBN: 987-1222-06-08
EDITORIAL: Ediciones B            ANO DE EDIÇÃO: 2005
ANCHO: 15 cm                           LARGO: 23     NÚMERO DE PÁGINAS: 222


Lea más en: http://www.libreriaespanhola.com.br/products/estacion-coghlan-y-otros-cuentos-/

Esta colección de cuentos contiene:

Desembarco en la memoria
El libro perdido de Borges
Estación Coghlan
La otra forma de la espada
La triste historia de las gemelas Popoff
Martita on my mind
Ocho hermanos
Sentimental Journey
Tito Nunca más
Un barco anclado en el puerto de Buenos Aires
Ese tal Rogelio Budman
Kilómetro 11
Mehere come moras, esperando

quarta-feira, 2 de agosto de 2017

Flora Tristán y Mario Vargas Llosa. 2ª parte



Mario Vargas Llosa habla de Flora Tristán y Gauguin

El XIX no fue sólo el siglo de la novela y los nacionalismos: fue también el de las utopías. Tuvo la culpa de ello la Gran Revolución de 1789: el cataclismo y las transformaciones sociales que acarreó convencieron tanto a sus partidarios como a sus adversarios, no sólo en Francia sino en el mundo entero, de que la historia podía ser modelada como una escultura, hasta alcanzar la perfección de una obra de arte. Con una condición: que la mente concibiera previamente un plan o modelo teórico al que luego la acción humana calzaría la realidad como una mano a un guante. Huellas de esta idea se pueden rastrear muy lejos, por lo menos hasta la Grecia clásica. En el Renacimiento ella cristalizó en obras tan importantes como Utopía, de Sir Thomas More, fundadora de un género que se prolonga hasta nuestros días. Pero nunca antes, ni después, como en el XIX, fue tan poderosa, ni sedujo a tanta gente, ni generó empresas intelectuales tan osadas, ni inflamó la imaginación y el idealismo (a veces la locura) de tantos pensadores, revolucionarios o ciudadanos comunes y corrientes, la convicción de que, teniendo las ideas adecuadas y poniendo a su servicio la abnegación y el coraje debidos, se podía bajar a la tierra el Paraíso y crear una sociedad sin contradicciones ni injusticias, en la que hombres y mujeres vivirían en paz y en orden, compartiendo los beneficios de aquellos tres principios del ideal revolucionario del 89 armoniosamente integrados: la libertad, la igualdad y la fraternidad. Todo el siglo XIX está constelado de utopías y utopistas, entre los que coexisten, junto a sectas entregadas al activismo violento semejantes a la formada por los discípulos de Noël Babeuf (1746-1797), pensadores notables, como Saint-Simon (1760- 1825) y Charles Fourier (1772-1837), empresarios audaces tipo el escocés Robert Owen, hombres de acción y aventura, entre los que descuella el anarquista ruso Mikhail Bakunin (1814-1876), soñadores más llamativos que profundos, tal Étienne Cabet (1788-1856), o delirantes del género Jules-Simon Ganneau (1806-1851), mesiánico fundador del Evadisme. El más importante de todos los utopistas decimonónicos, en términos históricos, fue sin duda Carlos Marx, cuya utopía "científica" absorbería buena parte de las que la precedieron y terminaría por cancelarlas a todas. A esta dinastía de grandes inconformes, objetores radicales de la sociedad en la que nacieron y fanáticamente persuadidos de que era posible reformarla de raíz para erradicar las injusticias y el sufrimiento e instaurar la felicidad humana, pertenece Flora Tristán (1803-1844), la temeraria y romántica justiciera que, primero en su vida difícil y asaeteada por la adversidad, luego en sus escritos y finalmente en la apasionada militancia política de sus dos últimos años de vida, trazaría una imagen de rebeldía, audacia, idealismo, ingenuidad, truculencia y aventura que justifica plenamente el elogio que hizo de ella el padre del surrealismo, André Breton: "Il n'est peut être pas de destinée féminine qui, au firmament de l'esprit, laisse un sillage aussi long et aussi lumineux." ("Acaso no haya destino femenino que deje, en el firmamento del espíritu, una semilla tan larga y luminosa.") 

La palabra "femenino" es aquí imprescindible. No sólo porque, en el vasto elenco de forjadores de utopías sociales decimonónicas, Flora Tristán es la única mujer, sino, sobre todo, porque su voluntad de reconstruir enteramente la sociedad sobre bases nuevas nació de su indignación ante la discriminación y las servidumbres de que eran víctimas las mujeres de su tiempo y que ella experimentó como pocas en carne propia.

M.V. Llosa, 2003.

terça-feira, 1 de agosto de 2017

La Fiesta de Flora, la abuela de Gauguin.

Flora Tristán de Arequipa, Perú, y Paul Gauguin, su nieto

La Fiesta de Flora

    

Mario Vargas Llosa cuenta su pasión por los dos personajes centrales de su novela: Flora Tristán y Paul Gauguin, buscadores del Paraíso.

La novela de Mario Vargas Llosa, "El Paraíso en la otra esquina", cubre, como dice el propio escritor, toda la peripecia vital de dos personajes fascinantes: la peruana Flora Tristán, -hija del arequipeño Mariano de Tristán y Moscoso y de la francesa Anne Pierre Laisnay, feminista y socialista-, y Paul Gauguin, nieto de Flora y pintor que vivió en Lima algunos años de su infancia. 

Gauguin, hastiado de su ambiente europeo, sintió el llamado salvaje de tierras lejanas y de otras civilizaciones, que él consideraba más primitivas. Abandonó Europa y se marchó a Tahiti, donde su pintura empezó a adquirir otros colores. Pero dicen que, estando en las lejanas islas, un día comentó: "Mi abuela era una mujer curiosa". La verdad es que en sus memorias póstumas, "Antes y después", libro aparecido en 1918, se nota que el conocimiento que tenía de ella, Flora Tristán, no era tan profundo. Pero a ambos los unía un vínculo fuerte de la sangre, algo que seguramente se reflejó también en sus caracteres y temperamentos, convirtiéndolos -a cada uno a su modo- en dos seres fuera de lo común.

Sin duda que Flora Tristán fue mucho más que lo que entendemos por una personalidad excéntrica. En la historia del socialismo utópico del siglo XIX y en la del feminismo mundial, Flora Tristán ocupa, por lo menos, un lugar tan importante y destacado como el que su nieto tiene en la historia de la pintura de su época.

En este libro el escritor Vargas Llosa hace un contraste de dos personalidades y de los dos sueños respectivos. "Un sueño utópico social y un sueño utópico artístico". Además, la obra refleja los brillos y las tragedias del siglo XIX, una época de grandes construcciones utópicas que irían a eclosionar en el siglo XX.

Hay quien considere a Flora Tristán una de las precursoras del pensamiento de Marx y Engels, que le dieron al socialismo su carácter científico. Flora murió un poco antes, el 14 de noviembre de 1844, todavía joven, a los 41 años. 

Su féretro fue llevado hasta el cementerio de Burdeos por los obreros de la ciudad, que juntaron dinero para comprar un terreno donde levantarle un monumento. Fue inaugurado el mismo año de la publicación del Manifiesto Comunista, algunos meses después de la insurrección de 1848, y lleva grabada una inscripción simple: 

"A la memoria de la señora Flora Tristán, autora de la Unión Obrera, los trabajadores agradecidos. Libertad, Igualdad, Fraternidad, Solidaridad".

Como una coincidencia más, el pintor que más tarde largaría la vieja Europa para irse a vivir y pintar en la Polinesia, nació en ese mismo año de 1848. 
Paul Gauguin escuchaba a su madre Alina hablarle de su abuela como un personaje fabuloso, errabundo y original, que en aquella época hacía algo excepcional, como era viajar de un continente al otro, cruzando los mares, siempre dedicando su vida a luchar por el socialismo y por la causa de la mujer. 
Tal vez por eso mismo Gauguin llegó al Perú magnetizado por los pasos de su mítica abuela, una belleza de ojos enormes, mestiza vibrante de la vieja Europa y la joven América.

En 1838 Flora Tristán publicó en "Le Voleur", de París, algunas cartas íntimas de Bolívar a su madre, Teresa Laisney. Ambos se conocieron en Bilbao y siguieron viéndose en París, cuando estaba casada con Mariano Tristán. Era también una visita asidua en la casa el científico Bonpland, amante obsesivo del continente americano. 


Allí conversaba Bonpland con Bolívar, que tanto lo apreciaba que, cuando años después el sabio naturalista se encontraba preso en Paraguay, amenazó a Francia, "El Supremo", con marchar para libertar al "mejor de los hombres y al más célebre de los viajeros".

Flora Tristán viaja más tarde a Arequipa, entre 1833 y 1834 y lo narra con detalles alucinantes en su libro "Peregrinaciones de una paria", que aparece en dos tomos, en París en 1838. Un libro crudísimo sobre la Hispanoamérica de entonces. Era tanta la verdad áspera que el texto desnudaba que los pocos ejemplares recibidos en Arequipa -donde su tío que había sido el último Virrey seguía mandando- fueron quemados en la plaza pública. Ya transcurrió un siglo y medio desde su publicación y el lector contemporáneo puede leerlo con el mismo interés que muestra hoy, en muchos aspectos, un testimonio todavía fresco muy actual.

Desde su punto de vista conservador y atrasado, tenían muchos motivos para escandalizarse los que hicieron con esos licenciosos volúmenes, llegados de París, un auto de fe, al quemarlos en plaza pública. Era el amor propio herido, o el sentido de casta de una mentalidad colonial. Pero sobre todo lo que se condenaba en el texto era su veracidad, su ideología revolucionaria, que tenía sabor a pecado capital para la pacata aristocracia peruana de aquella época. Los espantó tanto o más de lo que hoy los horrorizaría el ya viejo fantasma del comunismo. (JV).

Veamos ahora la entrevista a Mario Vargas Llosa sobre el libro y sus personajes, por Teresina Muñoz-Najar:

¿Vamos a hablar sobre Flora o sobre Gauguin?, pregunta Mario Vargas Llosa. 
No me atrevo a decirle que me gustaría conversar especialmente sobre Flora. Son las 6 de la tarde y el escritor, como todos los días a esa hora, ha cerrado los libros, ha dejado a un lado las libretas de apuntes y ha apagado la computadora. 

El tema de su próxima novela El Paraíso en la otra esquina trata, justamente, sobre esos dos personajes: Flora Tristán y Paul Gauguin. Abuela y nieto. 
Es una novela de vidas paralelas, afirma Vargas Llosa. No obstante, el entusiasmo con el que desde el inicio habla del pintor obliga a sospechar que es él quien lo ha cautivado más y que tal vez le está robando protagonismo a Flora en su libro. 

Pero no es así: La novela -explica- iba a ser al principio exclusivamente sobre Flora Tristán pero leyendo sobre la familia, sobre la descendencia, de pronto descubrí que Gauguin había heredado de la abuela -aunque no la conoció porque nació cuatro años después de muerta ella- la personalidad. Era muy rebelde, muy soñador, incapaz de aceptar la realidad tal como es, siempre ilusionándose con un mundo diferente, como Flora. Ambos buscaron una utopía. Una especie de paraíso.

-¿La sociedad perfecta?

-Flora buscaba una sociedad justa, igualitaria, donde no hubiera discriminación, donde mujeres y hombres gozaran de absoluta igualdad. La de ella era una utopía justiciera.

-¿Y la de él?

-A él no le interesaba la justicia social. Él tenía una utopía de tipo artístico. El quería un mundo donde la belleza estuviera al alcance de todos. Gauguin pensaba que la civilización occidental había entrado en una inclinación violenta porque la belleza se había convertido en el patrimonio de una pequeña minoría, de artistas, críticos y coleccionistas, y que en las sociedades primitivas donde el arte se confundía con la religión era donde la belleza estaba al alcance de todos. Y eso es lo que él fue a buscar. Eran dos utopías inalcanzables, como son todas las utopías, pero la búsqueda de esa, digamos, sociedad ideal hizo que la vida de los dos fuera fascinante. Llena de aventura, de sufrimiento, de frustraciones.

-Gauguin, sin embargo, no se expresaba muy bien de su abuela, decía que Flora era una "marisabidilla socialista, anarquista", por ejemplo...

-En realidad él no sabía mucho de ella. Yo creo que ni siquiera leyó sus libros. La madre de Gauguin, por razones bastante comprensibles, no debía tener muy buen recuerdo de Flora. Aline vivió siempre muy abandonada, estuvo siempre en manos de nodrizas.

-¿Cómo va a reflejar esa relación de Flora y su hija?

-Pienso que Flora no tuvo un gran cariño por su hija. La niña se crió fuera de ella. Cuando se encariña mucho con una obrerita que fue una gran seguidora de ella -se llamaba Eleonore Blanc- le dice en una de sus cartas que la quiere más que a sus hijos. Unos hijos a los que no quiere, creo yo, también muy comprensiblemente, porque le recordaban el horror de su matrimonio. Para ella el matrimonio con André Chazal fue un horror. Flora quedó espantada, no sólo de la institución sino incluso, por buena parte de su vida, del sexo en razón de ese matrimonio.

-¿Por eso no pudo amar a Chabrié? (el capitán del buque que trae a Flora al Perú).

-Ella tuvo siempre un impedimento, que venía de ese trauma matrimonial, para tener una relación afectiva normal, entonces no tuvo ninguna salvo con una mujer. Eso es algo que se ha descubierto recientemente. Se llamaba Olympe Chovzko, una francesa casada con un polaco que fue uno de los héroes de la independencia de Polonia. Con ella, evidentemente, por la correspondencia encontrada -son cartas muy sintomáticas- tuvo una relación amorosa que parece haber sido muy buena y muy sana para Flora. Estoy haciendo muchas conjeturas pero me parece que ese romance le devolvió, si alguna vez lo tuvo, el amor al sexo, al cuerpo, al placer físico. Pero, y esto es muy interesante para conocer el carácter de Flora, cuando ella decide formar la Unión Obrera -esa institución que iba a hacer la gran revolución uniendo a las dos víctimas de la sociedad, las mujeres y los obreros- rompe con Olympe. Y rompe porque considera que su misión es incompatible con el egoísmo que significa el placer.

-Cuando Flora viene al Perú ¿lo hace únicamente para reclamar la herencia de su padre o también quiere saber de sus raíces, de su identidad?

-Ella viene huyendo de André Chazal. Flora estaba desesperada, no soportaba más esa vida parasitaria de objeto conyugal, entonces busca un pretexto, huye y desaparece. Hay un gran paréntesis de su vida en todos esos años porque nadie sabe dónde estuvo. Yo creo que estuvo en Inglaterra trabajando como sirvienta. Es allí donde aprendió inglés y, además, como trabajó como sirvienta, una experiencia durísima para ella, concibió ese odio por Inglaterra que está reflejado en ese libro tremendo que es Los Paseos por Londres. Luego, se le presentó la oportunidad de venir al Perú dónde tenía un tío, Pío Tristán. Seguramente tuvo la idea de que el tío se compadecería de ella, la admitiría como hija legítima y le reconocería derecho a la herencia. No obstante, yo creo que sobre todo vino huyendo de André Chazal.

-Pero finalmente, su experiencia en el Perú fue un tanto dramática pues el tío no le reconoció nada...

-Pero fue una experiencia definitiva. En esos momentos ella era una rebelde pero no una revolucionaria. Ella adquiere una conciencia social y política aquí. En Arequipa vive como en un laboratorio. Por una parte no pasa hambre y de ser una provinciana pasa a ser una niña mimada, privilegiada y cortejada, por otra, se da cuenta que ese es un mundo donde hay desigualdades sociales y económicas abismales. Y curiosamente, yo creo que un personaje que para ella es fundamental es la Mariscala. Cuando Flora descubre que en este país una mujer puede estar en los campos de batalla, luchando al lado de su marido, vestida de soldado y que en los años en que Gamarra fue presidente tuvo un poder acaso mayor que el del Presidente, queda muy pero muy impresionada. Cuando Flora se va del Perú, era otra persona. Y, afortunadamente, no le dieron la herencia. Se hubiera convertido en una burguesita con ínfulas aristocráticas y hubiera llevado esa vida parasitaria que luego ella desprecia tanto.

-¿En qué clase de persona se convierte?

-En una persona decidida a pelear, con una conciencia social, convencida que se puede dar una batalla, que se pueden reformar las leyes y la primera manifestación de eso es Peregrinaciones de una Paria, donde con un coraje extraordinario cuenta toda su vida, que había huido de su marido, llamándose a sí misma una paria, exponiéndose, bueno, a lo que se expuso. El libro tuvo mucho éxito y Flora salta de pronto a ser parte del mundo intelectual en París.

-En "Peregrinaciones..." Flora es muy crítica con el Perú, muy dura, ¿exagera?

-No exagera y, en cierta forma, el Perú no ha cambiado tanto. Sigue siendo un país de grandes contrastes, de una enorme frivolidad. Y a Flora, le fascina y le horroriza la frivolidad. Ella descubre en Arequipa, por ejemplo, que la gente de la "buena sociedad", sabía más de París que ella. Luego conoce a personajes como Clemente Althaus, absolutamente fascinante: el mercenario que ha cambiado 14 veces de bando en el tiempo que lleva en el Perú y que es el único que cree en la guerra porque para él la guerra es su manera de mantenerse. Ahí está su tío Pío Tristán, uno de los últimos virreyes del Perú y uno de los primeros presidentes de la república. O sea que, qué mejor símbolo del oportunismo con que se vivía en medio de las guerras civiles, las luchas de caudillos, las luchas de facciones. Flora es muy crítica de todo eso.

-Basadre, en el prólogo de la primera edición en español de "Peregrinaciones..." (1946), dice que Flora no se prodiga demasiado, que no revela todos sus sentimientos...

-Ella se vuelca mucho. Lo que ocurre es que cae muchas veces en convencionalismos pero eso es porque no es una mujer educada, es una escritora nata pero es una mujer sin educación. Nunca fue al colegio.

-¿Es cierto que tenía muy mala ortografía?

-Terrible ortografía. Fue su gran vergüenza toda su vida. Ella lo poco que aprendió lo aprendió en su casa. Por eso la educación de las mujeres fue uno de los leivmotivs en su lucha social. ¿Por qué a las mujeres se les niega una educación, una formación intelectual y científica?, preguntaba ella. Y Flora suplió todas esas carencias a base de empeño y de voluntad.

-¿Cómo describe usted a Flora?

-Se sabe que era más bien menuda, de cabellos muy negros y piel muy blanca. De ojos muy grandes y oscuros. Le decían la "andaluza". Los testimonios dicen que era muy atractiva porque era muy viva y desenvuelta y podía ser coqueta cuando quería. Al mismo tiempo, en su personalidad había algo que intimidaba a los hombres. Los hombres no estaban acostumbrados a una mujer que les hablara de igual a igual y que además podía ser violenta, tremendamente violenta, de arranques, de desplantes durísimos. Las cartas de Olympe, son cartas muy apasionadas y en las que hay grandes elogios a la belleza, la delicadeza y la ternura de Flora.


-¿El personaje más siniestro?

-André Chazal. Era realmente una bestia, una bestia. Violó a la hija. Violó a la madre de Gauguin cuando ésta tenía 14 años y nunca lo condenaron por eso. Si años más tarde no se le hubiera condenado a 20 años de prisión por pegarle un tiro a Flora Tristán, habría quedado impune.

-¿Ese balazo tuvo que ver con la muerte de Flora?

-El final de Flora fue muy dramático. Ella hace una gira por Francia promoviendo la Unión Obrera cuando en realidad ya se está muriendo a pedazos. Esos últimos ocho meses fueron terribles. Yo sospecho que fue un cáncer a los ovarios y claro, el balazo debió acelerar ese proceso porque la bala la tuvo siempre junto al corazón. Entonces, cuando le daban sus famosos colerones -había generado una personalidad díscola, irritable, peleadora-, sus terribles rabietas, ella sentía el metal de la bala en el corazón, era como un llamado de su propio cuerpo diciéndole cuidado, hasta aquí no más. Pero yo creo que fue el cáncer quien la devoró.

-Es un hecho que Flora Tristán es una pionera del feminismo, ¿es verdad también que se adelantó a Marx?

-Si alguien merece ser considerada como una pionera del feminismo es Flora, sin ninguna, pero sin ninguna duda. Ahora, ella muere cuatro años antes de que se publique el manifiesto comunista de Marx y el manifiesto borra todo lo de ella. Pero en realidad, la primera persona en el mundo que desarrolla la idea, la idea base del marxismo, de que la clase obrera, por ser la clase explotada, que sólo vende su fuerza de trabajo, que no tiene ningún interés por defender, es por lo tanto la única que puede librar a la humanidad de la injusticia, de la explotación e iniciar una revolución, no a escala nacional sino a escala mundial, que cree en un mundo de justicia, no es Marx sino Flora Tristán.

-Flaubert decía que él era Madame Bovary, ¿dirá usted más tarde lo mismo respecto a Flora?
-Sí; de alguna manera uno se vuelca en los personajes que inventa.

Javier Villanueva. 1º de agosto de 2015. 
Trecho final: entrevista de Teresina Muñoz-Najar a Mario Vargas Llosa.

segunda-feira, 31 de julho de 2017

Una reseña por día: "El plan infinito". Isabel Allende.


Una reseña por día:
EL PLAN INFINITO, de Isabel Allende 
El plan infinito narra la historia de Gregory Reeves, un gringo que se hace a si mismo en el difícil mundo de los hispanos de California. Gregory quiere llevar a la práctica el peculiar Plan Infinito que se trazó a sí mismo en su infancia. Sin a embargo, para conseguirlo debe  recorrer un duro camino lleno de obstáculos: la marginación social, el racismo, el brutal contraste entre pobreza y riqueza, la guerra de Vietnam…Esta es una de las novelas más logradas y apasionantes de la gran escritora chilena.
 
ISBN: 84-01-42268-X (ave fenix         ISBN: 84-01-42845-9 (vol 168-5
AUTOR: Isabel Allende                     EDITORA:  Plaza & Janés
ANO DE EDIÇÃO: 1991                   NÚMERO DE PÁGINAS: 347       LARGURA: 11 cm.         COMPRIMENTO: 18 cm.

Leia mais: http://www.libreriaespanhola.com.br/products/el-plan-infinito-/
La saga de un hombre en busca de amor y su lucha por comprender una infancia de pobreza y abandono, El Plan Infinito es la primera novela de Isabel Allende que transcurre en los Estados Unidos y que retrata a personajes estadounidenses.
El padre de Gregory Reeves es un pastor con un estilo propio que recorre el Oeste americano con su familia en una caravana durante la década del 1940, predicando “El Plan Infinito”, una visión divina del sentido de la vida y la naturaleza del universo. Pero cuando el pastor se enferma, la familia abandona su vida nómada y se instala en un barrio hispano de Los Ángeles. Gregory comienza una nueva vida en un mundo de habla hispana: la escuela (por primera vez), las pandillas, el sexo, los libros y las ideas y el trabajo. A medida que explora el misterioso mundo del barrio, Gregory conoce a las personas que le modelaran su futuro, entre ellos Pedro e Inmaculada Morales, quienes se convierten en sus padres sustitutos y le brindan el amor y la seguridad que su propia familia no puede darle; Carmen Morales, su hija y la eterna amiga de Gregory, quién se convierte en una mujer terrenal que le enseña sobre el amor y la amistad; Juan José Morales, su hijo y el amigo de Gregory, cuya experiencia en Vietnam va a cambiar el curso de la vida de su familia y de la de Gregory; y Cyrus, el viejo comunista intelectual que le proporciona libros a Gregory y le inspira una pasión por la justicia social.
Mientras la historia de Gregory se desarrolla, seguimos su lucha para sobrevivir: la persecución por parte de pandillas en el barrio, los horrores de la guerra en Vietnam; y para tener éxito. Después de su regreso de Vietnam, Gregory se convierte en un abogado en San Francisco, donde persigue el dinero y las posesiones, busca amor con las mujeres equivocadas, fiestas, abusa del alcohol, descuida a sus hijos, y se pierde en una búsqueda ilusoria y equivocada. Finalmente, después de muchas idas y venidas, la búsqueda de Gregory de amor y de su alma lo llevan al punto de partida de vuelta a sus raíces y a una nueva vida.

La autora, Isabel Allende nació en Chile en 1943.Fue directora de la revista infantil Mampato y se hizo conocida a través de sus insuperables columnas en la Revista Paula (15 años) donde recreaba humorísticamente al hombre chileno, calificado por ella como "su troglodita" (Civilice a su troglodita). También realizó algunos programas para televisión y documentales) de 1964 a 1973, cuando se vió obligada a exiliarse en Venezuela después del asesinato (1973) de su tío, el presidente Salvador Allende.
Trabajó como periodista desde 1975 hasta 1984 en Venezuela (en el periódico “El Nacional”) y ha publicado artículos en periódicos y revistas en América y Europa y enseñado literatura en la Universidad de Virginia, Charlottesville Montclair College, New Jersey y en la Universidad de California, Berkeley.
Es periodista de profesión. Ha viajado por muchos países del orbe. Vive actualmente en Estados Unidos

Fuentes

Más se perdió en Cuba




Más se perdió en Cuba


Uno par de meses antes del 525º aniversario de la llegada de Colón a América se me da por escribir sobre la Guerra entre EEUU y España, al final del siglo XIX. ¿Y por qué?

Bueno, pues porque quiero mostrar que, con estas batallas ganadas por los norteamericanos, se cierra el ciclo de dominación española en América - y en las Filipinas - y surgen los EEUU como potencia mundial.

Primero, ¿por qué "hispano" y "americana"? Los españoles siempre denominaron a los estadounidenses del modo que a ellos -los habitantes de los EEUU - les gusta llamarse: "americanos", como si el resto del continente no existiera, o peor todavía, como si el resto de América les perteneciera. El tema es la guerra entre España y los Estados Unidos, que de algún modo permite a la nación del norte convertirse en una potencia extracontinental e imperialista.

España imperial
España se unifica como nación en el siglo XV. La política de alianzas matrimoniales de los Reyes de España con otras dinastías europeas y la llegada a América de Cristóbal Colón, lanzan a España a un proceso de expansión en Europa, en América y en el Pacífico. Durante los siglos XVI y XVII España es la potencia hegemónica europea; controla Holanda, Bélgica, el sur de Italia y Sicilia, parte de Alemania y Austria. Las guerras, y sus gastos en hombres y dinero, debilitan a España en Europa y en 1700, cuando muere Carlos II, último rey de los Habsburgo, pierde toda Europa salvo las Islas Canarias y Baleares. España deja de ser la primera potencia mundial. Pero sus extensas colonias en América la hacían aún una potencia importante. Bajo la dinastía francesa de los Borbones, España casi no participa en guerras salvo la de Ia independencia de los EEUU al lado de los colonos. La relativa prosperidad cesa con la Revolución Francesa. La invasión napoleónica de España reemplaza a los Borbones por el hermano del emperador francés, y provoca el alzamiento del pueblo en mayo de 1808.

Con los reyes presos en Francia, un Consejo de Regencia toma el control del país. Las influencias liberales de la Revolución Francesa generan un movimiento constitucionalista que termina en las Cortes de Cádiz de 1812. Las Cortes aprueban la constitución liberal de 1812 que suprime privilegios de la nobleza y el clero y establece un sistema democrático y liberal. Al final de la guerra contra Napoleón (1808-1814), el país está arruinado y dividido. Vuelve al trono Fernando VII, que anula la Constitución de 1812 y abre un periodo de luchas entre absolutistas y liberales. Al mismo tiempo, en la América española, empieza la lucha por la independencia. La muerte de Fernando VII en 1833, abre la guerra civil entre los absolutistas  partidarios del príncipe Don Carlos, hermano de Fernando VII, llamados los "Carlistas", y los partidarios liberales de la Reina Isabel II, hija de Fernando VII, llamados "Isabelinos". La economía se paraliza y el país se arruina. Tras la victoria de los liberales, empieza un periodo de sucesivos golpes militares, unos liberales y moderados, otros más progresistas. Cada golpe de estado produce un cambio de constitución. Sólo trás el golpe del general O'Donnell, en 1854, se implanta un régimen semidemocrático y conservador que pone por un tiempo en orden la economía y el ejército. La marina, con sus nuevas fragatas blindadas, se recupera del desastre de Trafalgar en 1805 y llega a ser la quinta del mundo. España se lanza a nuevas aventuras coloniales y olvida las penas pasadas. Salen expediciones a Méjico y a Indochina, en apoyo a Inglaterra y Francia. España ataca a Chile y Perú y gana las guerras del Pacífico, y en Africa contra los marroquíes. El ejército recupera su capacidad y el país vive la falsa ilusión de ser todavía una potencia mundial.

Pero las crisis que estallan en 1866 conducen a la Revolución de 1868 fomentada por militares positivistas como el general Serrano, Prim y el almirante Topete. Isabel II es derrocada y los Borbones expulsados del Trono. Se suceden seis años de cambios trágicos en España: una nueva monarquía, luego la Primera República y la dictadura del General Serrano. Nueva insurrección Carlista para restaurar la monarquía absoluta y revueltas "cantonalistas" en favor de una República Federal; después, la primera guerra de Cuba y las conspiraciones para restaurar a los Borbones. España vivía una época de caos.

El país, harto de las guerras, se inclina por la democracia liberal. España prospera y el ejército se mantiene al margen de la política. Los conservadores y liberales se suceden civilizadamente en elecciones. Se producen algunos pronunciamientos republicanos sin apoyo popular que son rápidamente sofocados, y el país vive con calma relativa. Así se llega a 1898, en la ilusión de ser aún una potencia mundial, hasta las revueltas en Cuba y Filipinas. Esta ilusión imperial de glorias pasadas sirve para entender la postura de España al iniciarse la guerra contra los Estados Unidos.
España y las colonias.
Los tres siglos de la colonización española de América es tan negativa como la pinta la leyenda negra que se difundió en Europa cuando España era potencia hegemónica, y menos positiva de lo que se escribía en España en los siglos XIX y XX. La monarquía española organiza los nuevos territorios a semejanza de la metrópoli: crea ayuntamientos y universidades; organiza virreinatos similares a los de la península y de las otras posesiones europeas; dicta leyes para Las Indias, incluso con algunas normas de protección a los indios y varias limitaciones al poder de los virreyes que, al menos en teoría, al terminar el mandato, eran sometidos al Juicio de Residencia para probar que su actuación había sido justa.

Sin embargo, empiezan a crecer los deseos de autogobierno en la mayoría de las provincias americanas. Con la Guerra de Independencia de los EEUU crece el deseo de autonomía de las colonias españolas, lo que será detonado definitivamente en la guerra contra los franceses entre 1808 y 1814. La ausencia de los reyes de España, secuestrados por Napoleón, obliga a crear órganos de gobierno provisorio en todas las provincias españolas, peninsulares o ultramarinas. Esta experiencia de autogobierno en las provincias americanas origina las primeras resistencia a las autoridades españolas. La vuelta al trono del absolutismo de Fernando VII mata la experiencia y mueve a América hacia un camino sin retorno en favor de su independencia. Sus promotores son indios, mulatos y colonos pobres, junto a miembros de la aristocracia criolla -europeos nacidos en América- más poderosa; y muchos de los militares nacidos en las colonias que habían luchado en España contra los franceses, como fue el caso de José de San Martín, que hizo sus armas en las batallas europeas contra Napoleón.

Las declaraciones de independencia a lo largo y ancho de América desbordan las tropas españolas en todas partes. Y tras una sangrienta lucha se proclama la independencia en cada uno de casi todos los territorios españoles después de dos décadas de guerra. La situación interna de España, y las luchas entre absolutistas y liberales, contribuye a la independencia de las colonias.

El golpe de gracia al sueño español de mantener América viene en 1820: las tropas que partirían para ultramar se sublevan en Cádiz en favor de la Constitución de 1812, acabando con el régimen absolutista.

Lograda la independencia, sólo Cuba, Puerto Rico y las Islas del Pacífico permanecen leales a España. La razón es que las dos islas del Caribe - las primeras colonizadas por España - tenían una fuerte presencia de españoles y grandes vínculos económicos con la metrópoli. En Filipinas, la permanencia era favorecida aún más por la inmensa lejanía.

Sin embargo, la reacción de las autoridades españolas en las islas tras la independencia de las demás colonias americanas fue de desconfianza. En España se decía que los reyes eran monarcas constitucionales en la península, y absolutistas en ultramar. Los nacidos en Cuba y Puerto Rico empiezan a sentir que, como españoles, no tienen las garantías de la Constitución que sólo valían en los territorios europeos. En ambas islas caribeñas surgen autonomistas y algunos quieren un autogobierno dependiente de la Corona Española, similar al de Canadá bajo la soberanía inglesa. Los miembros de la aristocracia y la burguesía peninsular con importantes intereses económicos en las dos Islas se oponen.

En Cuba, un grupo de independientistas se siente defraudado y pretende la independencia total de la isla o su anexión a los Estados Unidos. Por el contrario, otro grupo importante de cubanos es partidario de la permanencia con España y recluta voluntarios para luchar con los españoles contra los independentistas. Esto convirtie a la Guerra de Independencia Cubana en una verdadera guerra civil entre cubanos.

Sin embargo, las desastrosas políticas administrativas y económicas de España explican la frustración de cubanos y puertorriqueños y sus ansias de cambio. La administración de las islas seguía en manos de peninsulares que, en su mayoría, sólo querían enriquecerse rápido y regresar a España lo más pronto posible. Pocos cubanos o puertorriqueños integraban la administración y la mayoría de las recaudaciones fiscales de Puerto Rico y Cuba no se reinvertían en las islas. El último presupuesto de la administración española en Puerto Rico, antes de la autonomía, tenía una partida para la educación igual al sueldo del Capitán General.

En las islas del Pacífico no era distinto. Por la lejanía de la metrópoli la administración fue encomendada a los frailes que tenían más poder que los pocos funcionarios españoles. Los abusos del clero católico fue una de las causas fundamentales de la revuelta tagala. Las otras fueron la legítima aspiración de equiparar sus derechos políticos a los de los españoles y dirigir la administración de las Filipinas.

España en 1898.
Cuando se produce la voladura del crucero estadounidense Maine en el Puerto de La Habana, la opinión pública española no era consciente de las consecuencias que podría traer una guerra dirigida a tratar de conservar los restos del imperio.

A principios de 1898, España está en calma. Las obras de teatro y las zarzuelas agitan la vida cultural de las elites. Los acontecimientos de Cuba y Filipinas son algo lejano, aunque la gente apoya la presencia española en las islas. No está muy claro por que luchan los cubanos ni el poder económico y militar de los EEUU. Sigue soñando España, como en los años de Felipe II, que en un imperio donde nunca se ponía el sol.

El crucero Maine, seguía meciéndose en la bahía de La Habana más allá del tiempo de estancia previsto. Había llegado en visita de cortesía y se quedaba como garantía de la vida y la propiedad de los norteamericanos que se suponían amenazados por los conflictos en Cuba. La explosión del crucero ocurre el 15 de febrero de 1898. El Maine se hunde y el imperio español empieza a agonizar sin saberlo.

La prensa sensacionalista de ambos lado llama irresponsablemente a la guerra. El "The World" proclama: "La destrucción del crucero Maine es razón suficiente para dar orden de zarpar a nuestra flota hacia La Habana y exigir una indemnización en 24 horas bajo amenaza de bombardeo". El "New York Journal" pide acción militar. En España, "El País" replica: "El problema cubano no tendrá solución mientras no enviemos un ejército a los Estados Unidos". Los demás diarios españoles, como "El Correo Español", también piden la guerra. Desconocen el poder militar de los Estados Unidos y hacen comparaciones falsas entre las fuerzas navales de ambos países, supuestamente favorables a España.

Los EEUU encomienda a su embajador en Madrid, Woodford, negociaciar con España un armisticio, suprimiendo los "Reconcentrados", que era la concentración de campesinos en las ciudades controladas por las tropas españolas para sacarle a los rebeldes víveres y apoyo. Esas ciudades se había convertido en campos de concentración; además EEUU exigía el autogobierno cubano. La mayoría de los españoles considera el pedido una afrenta a la soberanía de España. Pero el gobierno español suprime los "Reconcentrados" y propone un armisticio.

Los EEUU, aún así no satisfecho, propone lisa y llanamente comprar a España la isla. El rechazo español deja una situación sin salida. Enseguida, la comisión americana que investiga el hundimiento del Maine, levanta la tesis de una explosión provocada y la opinión pública norteamericana presiona para que EEUU intervenga en Cuba. Mientras, en España, hay elecciones que la ganan los liberales. Las fiestas de la aristocracia y los carnavales en las calles de España muestran que se confiaba que no habría guerra.

España, presionada por las potencias europeas, acepta el armisticio, pero los rebeldes cubanos lo rechazan. El 11 de abril, MacKinley lee su mensaje al Congreso, pidiendo autorización para imponer un gobierno "capaz de mantener el orden en Cuba", con el uso del ejército y la marina de los Estados Unidos.

En España la gente sale a la calle en patrióticas a los gritos de "¡A Nueva York!". El Ministro de la Guerra declara "que el ejército americano venga España para demostrarles el heroísmo del pueblo". Patriótica estupidez que ignora el poder de los Estados Unidos.

Una semana después, el Congreso de los EEUU aprueba una resoluciónque le da plenos poderes al presidente William MacKinley. Y, en la noche del 20 al 21 de abril, las autoridades españolas en Cuba reciben ultimátum exigiendo la renuncia española a la isla en el plazo de tres días. El gobierno español rompe relaciones diplomáticas entre los dos países. La flota norteamericana ya está a 16 kilómetros de la costa cubana y captura varios barcos mercantes españoles antes de declarar la guerra.

El 23 de abril España declara la guerra, y la gente cree que Dios está con los españoles. En los púlpitos los sacerdotes invocan el auxilio divino, pero los cielos no le hacen caso a sus ruegos. Empieza el ocaso del imperio.

Igual a lo que ocurriría ocho décadas después en la guerra entre Argentina y Gran Bretaña por las Islas Malvinas, la prensa amarilla de España hizo un trabajo de desinformación sobre las capacidades militares del ejército y la marina de los EE.UU. imaginando que la flota española era superior a la norteamericana. Sólo los republicanos y socialistas advertían sobre la verdadera potencia militar de los EE.UU. y el error fatal de la guerra para España.

El gobierno de España, igual que la dictadura militar argentina en 1982, sabía la inferioridad española, pero no huyó de la guerra. El gobierno temía dejar las islas sin lucha y crear así una situación revolucionaria en España que acabara con la dinastía reinante. Otra razón era que esperaba el apoyo de las potencias europeas contra la intromisión de los EE.UU. en un asunto de una potencia europea. Ignoraba la monarquía española lo que se llamaría la doctrina Monroe de "América para los americanos", que los de EEUU siempre entendieron como "América para los norteamericanos".

El gobierno español siempre supo que la independencia de Cuba era inexorable. Pero una salida unilateral podría producir tensiones en el ejército y en el pueblo. La prolongación de la guerra contra los independentistas cubanos llevaría a la bancarrota del estadoespañol. La sangría de vidas en la guerra era insostenible - de 1895 y 1898 habían llevado a Cuba, Puerto Rico y Filipinas más de 220.000 hombres, y hubirieron unos 60.000 muertos, casi todos por enfermedad. Los conservadores querían seguir la guerra contra los independentistas "hasta el último hombre y hasta la última peseta". Los gobiernos liberales querían abandonar Cuba sin que pareciera una claudicación, pero no hallaban la ocasión. La voladura del crucero Maine y la invasión de los EE.UU. fue la excusa bélica que el gobierno esperaba para perder Cuba en una guerra rápida, a sabiendas de la inferioridad militar española.

Con la derrota, el honor español quedaba a salvo, pero habian perdido todo el imperio. Aún así, y a pesar de lo temido por el gobierno, la pérdida de todas las provincias del ultramar no produjo ninguna reacción popular contra la realeza.

Por otro lado, igual que le ocurriría a la dictadura militar argentina en la guerra de las Malvinas de 1982, ninguna de las potencias europeas apoyó a España contra los EE.UU. La diplomacia española del siglo XIX, ante el ocaso previsto de su imperio, era sencilla: habiendo un problema exterior, si Gran Bretaña y Francia se ponían de acuerdo, España apoyaría a ambas potencias; si no había acuerdo, España se abstendría siempre de intervenir. España abandonó una política exterior propia y la supeditó a las de Francia e Inglaterra. España esperaba que, en reciprocidad, Francia como Inglaterra la apoyasen contra los EEUU. La realidad probó que tal principio era falso.

Los europeos, aunque desconfiaban ya del poderío creciente de los Estados Unidos, evitaron apoyar al principio a España porque confiaban que el ejército español en Cuba, que era superior al total de las tropas regulares de los EE.UU, derrotaría facilmente a los norteamericanos. Pero al final de la guerra, cuando ya empezaron a temer un ataque contra las costas españolas europeas, las potencias del viejo continente se preocuparon por la posible intervención norteamericana en Europa y presionaron a España para que aceptase las condiciones del Tratado de París, firmado el 10 de diciembre de 1898, por el que "España renuncia todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba". Además, dictaba el Tratado: "los Estados Unidos, mientras dure su ocupación, tomarán sobre sí y cumplirán las obligaciones que por el hecho de ocuparla, les impone el Derecho Internacional, para la protección de vidas y haciendas".

Más se perdió en Cuba
El final de la guerra tuvo serias consecuencias en la política española del siglo XX, porque la derrota afectó muy seriamente al país. El pueblo no entendía como una nación imperial y colonialista, de gran tradición militar, había sucumbido ante un país "de tenderos". La opinión pública, engañada por los diarios y los políticos, culpó de la derrota al ejército y la marina. A los soldados repatriados no se los recibió como héroes, si no que fueron insultados por los que habían permanecido en la península sin luchar.

La derrota trajo el enfrentamiento entre los políticos y el ejército, la pérdida de confianza de los españoles en el país, y el descrédito de los partidos tradicionales, lo que llevaría a la II República de 1931, y finalmente a la Guerra Civil de 1936 a 1939.

La crisis de 1898, sin embargo, lanzó a los más destacados intelectuales españoles de la "Generación del 98" a analizar críticamente la situación del país y a crear e movimiento del "Regeneracionismo". Querían dejar el fatalismo y luchar por un futuro mejor y más moderno. Sus efectos atravesaron los años de las guerras de Africa, la dictadura de Primo de Rivera, la II República, la Guerra Civil y la Dictadura de Franco para que España comenzara a recobrarse, ochenta años más tarde del amargo 1898.

La historia no es tan simple como la cuentan hoy algunos peridistas "políticamente incorrectos" que se han metido a querer ser historiadores, repitiendo simplismos reaccionarios que no llevan en cuenta los procesos contradictorios y nunca lineales de la política, las ideologías y, sobre todo, de los movimientos sociales profundos, que siempre mueven los cursos de la historia.
JV