quarta-feira, 5 de abril de 2017

Tango, samba y maxixe



Parte de la obra plástica de Cecília Meireles, reunida en el libro Batuque, samba e macumba – estudos de gesto e ritmo (1926-1934). Editora Martins Fontes. 

Modernidades primitivas

por FLORENCIA GARRAMUÑO 
Profesora de la Universidad de San Andrés e investigadora del CONICET


UNA CURIOSA OPERACIÓN CULTURAL TUVO LUGAR EN LAS DÉCADAS DE 1920 Y 1930 EN BRASIL Y ARGENTINA: EL SAMBA Y EL TANGO, QUE HABÍAN SIDO ESTIGMATIZADOS POR SU ORIGEN BAJO O MARGINAL, ENCUENTRAN UN RECONOCIMIENTO INESPERADO. LAS ELITES QUE LIDERABAN EL PROCESO DE MODERNIZACIÓN VEN EN ELLOS EL SÍMBOLO DE UNA IDENTIDAD NACIONAL VALIOSA Y LOS INTEGRAN A LA CULTURA OFICIAL. PORQUE SE TRATA DE ESTAR A TONO CON EUROPA AFIRMANDO, AL MISMO TIEMPO, LOS RASGOS DISTINTIVOS DE LA CULTURA LOCAL.

“Musicalmente el tango no debe ser importante; su única importancia es la que le atribuimos. La reflexión es justa, pero tal vez pueda aplicarse a todas las cosas. A nuestra muerte personal, por ejemplo, o a la mujer que nos desprecia.”

JORGE LUIS BORGES


Tango, samba y maxixe


Cuando en 1913 corrió el rumor de que el Papa Pío X pretendía prohibir el tango, la revista brasileña Cá e Lá publicó las siguientes cuartetas: 

“Se o Santo Padre soubesse / o gosto que o tango tem / viria do Vaticano / dançar maxixe também” [Si el Santo Padre supiera / el gusto que el tango tiene / vendría del Vaticano / a bailar maxixe también].



A comienzos del siglo XX, el maxixe –uno de los ritmos que van a intervenir en la conformación del samba– era considerado una música popular y poco respetada a causa de su origen africano. Para borrar esa doble asociación era llamado muchas veces “tango”. En la Argentina, por la misma época, éste era el término supuestamente procaz que intentaba ocultarse cuando los músicos tocaban esos acordes en ambientes “elegantes”. Entonces se lo llamaba “polca”. La confusión de nombres no denota simplemente un gesto de pudor, sino que además –como ha mostrado el musicólogo Carlos Sandroni en Feitiço decente– deja entrever que el tango, el maxixe y el samba anterior a 1930 poseían una base rítmica bastante semejante.
Es que el maxixe, como el tango, se había convertido en uno de los bailes que hacían furor en París. La pasión por las danzas extranjeras que arrebató a Europa a comienzos de siglo, en consonancia con la inclinación por lo “primitivo” y “exótico” que se manifestará también en otras prácticas estéticas –basta pensar en el clásico ejemplo de Las señoritas de Avignon de Picasso para la vanguardia europea–, hizo que estas formas musicales compitieran por los escenarios de las principales ciudades del viejo mundo.

En el caso de los dos géneros brasileños, las designaciones fluctúan durante los primeros años del siglo XX, hasta la cristalización del samba alrededor de los años treinta. “Pelo telefone”, el primer samba urbano, se registró en 1917 como “samba maxixe”, denominación que da cuenta de esa ambivalencia. En la cultura brasileña, la cantidad de disputas y polémicas sobre qué es un samba “auténtico” durante los años de su consolidación como género es semejante a las pugnas en torno a la definición del tango “verdadero”. Ya en los años treinta, Rossi, en su libro Cosas de negros, sostenía: “Ni el tango de ‘la raza africana’ ni el de los lubolos ni el ‘tanguito’ de los distinguidos negros porteños, han tenido parentesco alguno con el que, hace una docena de años, hemos enviado a conmover las sociedades de los países civilizados y triunfa actualmente en el pentagrama y en los salones”.


De hecho, la constitución del tango y del samba como géneros musicales coincide con su postulación como representantes de una determinada identidad nacional, lo que aviva las polémicas sobre la “esencia verdadera” tanto del género como de la supuesta identidad que estaría reflejando.


Al tiempo que el tango desembarcaba en París, en los mismos cafés y cabarets –el Chantecler, el Alhambra, el Café de París, el Café des Capuccins– hacía su aparición el maxixe o “tango brasileño”. A veces, incluso, aprovechando la fama que estaba alcanzando el baile argentino en la época, se decidía abrir un local donde, además, se enseñaba “le vrai tango brésilienne”. Y hasta las anécdotas que se cuentan sobre el tango son a menudo confundidas con historias sobre el samba o el maxixe. Lo cierto es que más allá de las disputas ocasionadas por esta competencia de exotismos –que incluyen hasta peleas a trompadas entre argentinos y brasileños en París en defensa del “verdadero” tango– esas confluencias y el proceso de nacionalización de estos géneros iluminan una historia posible sobre la identidad de una cultura latinoamericana y periférica, y su modernización alrededor de los años treinta del siglo XX. Y en ese proceso, el tango para la cultura argentina y el samba para la brasileña van a funcionar, en muchos aspectos, de manera análoga. 

Nación y modernidad


Una de las formas más comunes –y tal vez más sencillas– de entender la transformación del tango y del samba en símbolos nacionales ha sido leer esa metamorfosis como un proceso de “limpieza”. Productos originariamente populares, surgidos en el seno de las clases más bajas de la sociedad, las “indecencias” del tango y del samba (y aquí deben entenderse sus características étnicas y de clase) habrían sido “purificadas” mediante la apropiación que las clases dominantes de sus respectivos países hicieron de ellas. Así, habría habido un tango y un samba primitivos, exóticos y populares, con fuertes características africanas –obviamente más pronunciadas en el samba, pero también, según muchas genealogías, presentes en los orígenes del tango–, que a través de la historia se fueron “sofisticando” por su mestizaje con otras formas musicales y la intervención de compositores de la clase media y de la elite.


Ahora bien, en contrapunto con esta versión es posible conjeturar otro recorrido. Porque en el momento en que el tango y el samba comienzan a ser aceptados en sus respectivos países y convertidos en símbolos nacionales –alrededor de las décadas de 1920 y 1930, e incluso la del cuarenta en el segundo caso–, ambos géneros siguen siendo percibidos como formas exóticas y primitivas.

Si a fines del siglo XIX ese costado primitivo es razón suficiente para expulsar al tango y al samba de la nación, alrededor de los años treinta, cuando los dos son canonizados, será ese mismo primitivismo –cuya significación cultural ha mudado de signo– el que se esgrima para señalarlos como símbolos nacionales.

¿Cómo se produjo ese cambio? Sin negar las transformaciones específicamente musicales que determinaron su evolución como géneros, hay que señalar que el hecho de que fueran aceptados –y aún más, canonizados– tampoco puede atribuirse a su progresiva adecuación a las convenciones ni a la apropiación que las clases medias y las elites hicieron de ellos. La conversión en símbolos de una identidad nacional es un recorrido complejo que incluye negociaciones diversas y cruces discursivos de lo más variados, y que coincide con un período de fuerte nacionalización de las culturas brasileña y argentina, hacia los años veinte y treinta, marcado por una acentuada tendencia a la modernización. En este proceso ha intervenido de forma contundente una malla de discursos que, presionados por las transformaciones culturales en las que emergieron, fueron cambiando también las connotaciones ligadas históricamente al tango y el samba. Lo sensual, lo primitivo, el mestizaje y la hibridez son conceptos que revelan su carácter histórico: si en algunos momentos son vistos como signos negativos del atraso y de la “falta de cultura”, más tarde son considerados en cambio como formas de una cultura “originaria” –y por ello “auténtica”–.

En el trabajo que realizaron sobre el tango y el samba los artistas y los intelectuales comprometidos con la modernización y las vanguardias de las décadas de 1920 y 1930 (Lima Barreto, Di Cavalcanti, Manuel Bandeira, Mário de Andrade, Manuel Gálvez, Martínez Estrada, Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Emilio Pettoruti) puede leerse una estrategia común, a pesar de sus variadas manifestaciones: se trata de elaborar el carácter “primitivo” y sensual de esos productos como una marca de la modernidad más atildada. En otras palabras, lo que antes era sinónimo de procacidad y motivo de expulsión se convierte ahora en signo de una modernidad indiscutible. Habría que decir, entonces, que ese mismoprimitivismo ya no es el mismo, dado que en los años treinta va a connotar simultáneamente lo nacional y lo moderno. Inmersos en esas redes culturales, el tango y el samba aparecerán como productos anfibios, apuntando a la vez a lo nacional que vendría de un pasado “originario” y a lo moderno de una forma que ha tenido éxito en París y en los ambientes internacionales que dictan la moda.

Esa ambivalencia se puede observar en una serie de representaciones visuales alusivas. En algunos cuadros y dibujos de Emiliano Di Cavalcanti, Emilio Pettoruti o Cecília Meireles puede leerse una combinación de lenguajes artísticos vanguardistas y un retorno a motivos regionalistas. Esta mezcla de elementos aparentemente contradictorios fue la manifestación más clara de una operación que buscaba distanciarse de la representación costumbrista y realista predominante a fines del siglo XIX.

En los dibujos que Cecília Meireles expone en la galería Pró Arte de Río de Janeiro sobre el samba de los descendientes de africanos puede verse esa modernización. Ella elige representar el samba de origen bahiano, cuya relación con el samba que se convertirá en símbolo nacional a partir de los años treinta es compleja y polémica. En sus dibujos, la asociación con este ritmo primitivo se realiza a partir de una operación modernizadora mediante la cual las mujeres negras con sus trajes tradicionales son pintadas con un movimiento sumamente sofisticado que podría ser comparado con los dibujos de figurines de moda e, incluso, de la “moda tango” que durante los años veinte surgió en Europa y se expandió por el resto del mundo. Esos trabajos pueden leerse como verdaderas imágenes premonitorias que anticipan la moda bahiana instalada por Carmen Miranda.

Su dibujo “Samba de Roda” borra del samba los matices sexuales con los cuales había sido representado hasta entonces; y, en realidad, borra cualquier tipo de matiz. Se trata de un dibujo en blanco y negro, en esfumado, donde todos los participantes son mujeres. Debajo del cuadro se lee: “Dentro do carnaval carioca, inegavelmente licencioso e grosseiro, como em toda parte, na expansão das pessoas habitualmente civilizadas, o carnaval dos negros guarda um aspecto único de respeito, elegância e, digamos, mesmo, distinção artística espantosa.” [Dentro del carnaval carioca, innegablemente licencioso y grosero como en todas partes cuando se trata de la diversión de personas habitualmente civilizadas, el carnaval de los negros posee un aspecto único de respeto, elegancia y, digamos incluso, distinción artística admirable.]

Si hasta ese momento la representación dominante del samba de los descendientes de africanos había enfatizado sus rasgos sensuales, primitivos y “salvajes”, en los dibujos de Cecília Meireles se trata, en cambio, de mostrar cuánto tiene de moderno lo primitivo. Así, estas obras proponen un modo de resolver la tensión que la recuperación de lo primitivo podía traer a una cultura en pleno proceso de modernización. 

Legados ambivalentes


Esa coincidencia paradójica de lo primitivo y lo moderno se entiende si recordamos que en América Latina la modernización se identifica con un momento fuerte de nacionalización de sus culturas. En ese marco, primitivo y moderno no son necesariamente términos opuestos, más bien habría que pensar que el primitivismo les permite a las culturas argentina y brasileña conectarse con una idea de nación que puede asociarse con la modernidad, sin caer en la estructura de un mito fundacional. Fue así una de las estrategias elegidas para construir el carácter nacional de la modernidad brasileña y argentina.


La figuración del tango y del samba en los discursos de los artistas e intelectuales de la época muestra, entonces, que la problemática de la identidad nacional estaba íntimamente ligada con la cuestión de lo moderno. Desde ya, también la industria cinematográfica tendrá una importancia decisiva en esa asociación simultánea del tango y del samba con lo nacional y lo moderno. El primer largometraje argentino (Tango, de Luis Moglia Barth) escoge como tema el mundo del arrabal para iniciar en el cine una tradición propia, la del film de tango. También el samba dará lugar a un género local, el film de carnaval. Figuras de una modernidad alternativa, estos tópicos atravesarán los filmes de Carlos Gardel y de Carmen Miranda.

El tango y el samba, en el marco de esos regímenes primitivistas construidos por la cultura de la época, instauran, además de una cierta imagen de modernidad, una contraposición respecto del canon europeo. Se presentan así como estrategias de construcción de una modernidad nacional que, precisamente por eso, se quiere diferente de la europea. De allí que ese proceso haya estado plagado de ambivalencias y divergencias. •


© Los dibujos de Cecília Meireles pertenecen al Condominio de los propietarios de los derechos intelectuales de Cecília Meireles.

Los dibujos de Cecília Meireles están publicados en Batuque, Samba e Macumba - Editora Martins Fontes. 
Derechos cedidos por Solombra Books (solombrabooks@solombrabooks.com)



Publicada en TODAVÍA Nº 9. Diciembre de 2004



terça-feira, 4 de abril de 2017

Cien años atrás, Gardel grababa el primer tango canción de la historia



El primer tango de la historia

Días atrás vi una película,  A Casa Elétrica, que cuenta la creación de la primera fábrica de gramofones y de la grabadora pioneira de discos de América Latina, que resgata capítulos importantes de la historia de la música latinoamericana. La película es una coproducción de Brasil y Argentina filmada en los dos países con actores brasileños y argentinos con Gustavo Fogaça como director.

Cuenta la película la historia de la Casa Elétrica, fundada en Porto Alegre, estado de Rio Grande do Sul, vecino de Uruguay y Argentina y con muchísimos lazos históricos y culturales con el Río de la Plata. En 1913, los tres hermanos italianos Leonetti – Saverio, Carlino y Aquille–, al lanzar su sello, nos presentan algunos hechos inusitados, como el de que tanto el samba brasileño como el tango rioplatense (uruguayo-argentino, o porteño-montevideano, como Ud. quiera ponerlo), símbolos de las culturas musicales de las dos naciones, pueden haber tenido una cuna en comun. 

El primer samba – Iaiá Me Diga, del dúo gaúcho Os Geraldos, compuesto por Geraldo Magalhães y Nina Teixeira en 1913 – y el primer tango grabados fueron obras producidas en la Casa Elétrica.

En esa misma época, el empresario Alfredo Améndola, dueño de una gran empresa grabadora de discos de Argentina, descubrió y lanzó el negocio de la producción de discos, y fue en su empresa en la cual el cantor Francisco Canaro, el primer gran maestro del tango, grabó El Chamuyo, en 1914. 

El tango, – que como género era hasta un poco más de 100 años atrás, un revoltijo total de ritmos y de voces de inmigrantes de todos los rincones del mundo, y de gentes del interior argentino y uruguayo que se encontraban en los puertos respectivos de Buenos Aires y Montevideo– no acababa de cristalizarse en un conjunto más armónico y con sus propias características, que lo diferenciaran nitidamente de la milonga y del candombe orientales. 

Según la película A Casa Elétrica, el primer tango sería, sin dudarlo, El Chamuyo, de Francisco Canaro.


La polémica ¿y Mi noche triste?

Por otro lado, el 3 de enero de 1917, en el teatro Esmeralda – que hoy se llama Maipo– en Buenos Aires, Carlos Gardel estrenaba Mi noche triste, una canción con música de Samuel Castriota y letra de Pascual Contursi. 

Cuenta la historia entonces, que un músico y un poeta que no se conocían entre sí, a los que se sumaba un intérprete que algunos biógrafos dicen que había nacido con el nombre de Charles Gardés – según algunos en Toulouse, Francia, y según otros en Tacuarembó, Uruguay–, le dieron una forma definitiva al género musical que ahora llamamos con una desconocida palabra de origen africano, el tango. Castriota y Contursi  tomaron las materias musicales híbridas preexistentes e hicieron algo que no existía hasta entonces, el llamado tango canción.

En 1916, el pianista Samuel Castriota, que tocaba en El Protegido, café del barrio de Boedo, estrenó un tango del que era autor, Lita.  Mientras tanto, en la otra orilla del Río de la Plata, el cantor Pascual Contursi, argentino establecido en Montevideo, actuaba en los cabarets, en los que, al encontrar una música sin letra, le agregaba sus propios textos y la ponía en su repertorio. Lo hizo con Lita, a la que bautizó como Mi noche triste, con una primera estrofa en puro lunfardo que lo inmortalizaría: "Percanta que me amuraste".

Mi noche triste tiene todos los elementos del tango, que son su aire grave y dramático del hombre que llora el abandono de la mujer amada, inaugurando al mismo tiempo el lenguaje tanguero del lunfardo (percanta, amurar, encurdelarse, cotorro, catrera) en un contexto de fuerza y expresividad.


¿En qué contexto histórico y social nació y se desarrolló el tango?

Los años que van de 1880 a 1915 fueron los de mayor crecimiento económico de la joven Argentina. Entre 1880 y 1913, el PBI creció al doble, y la población se multiplicó por cuatro con la inmigración masiva de italianos, españoles y judíos de europa oriental y Rusia. 

De menos de 2 millones de habitantes a inicios de los años de 1870, – eran 1.737.000 habitantes, y un 12,5%  de extranjeros–, ya al comienzo del año de 1914, con 7.900.000 habitantes, los extranjeros sumaban 2.391.171, o sea,un 30,5%. 

Esto fue más acentuado todavia en Buenos Aires, donde en 1910 un 58% de los habitantes era compuesto por extranjeros.

En este contexto, el tango nació hacia 1880, según opina la mayoría de los historiadores, en los barrios bajos de Buenos Aires y en los subúrbios de La Boca, en sus cafetines y en las postas de carreta, los corrales, las pulperías y los prostíbulos en la guitarra, la flauta y el violín tocaban ritmos primitivos y relativamente vulgares en sus letras.
Los parroquianos eran una mezcla de gauchos, negros e inmigrantes recién llegados, que laboraban en los trabajos más rudos, aunque también habían desocupados, vagabundos y prostitutas.

Mi noche triste – que funda el género del tango– trata el tema del abandono del hombre por parte de la mujer y del fatalismo que empapa la mayoría de las mejores páginas de este género musical.


Esa nostalgia del abandono se explica porque entre los años de 1880 y 1930, según cuentan las estadísticas, llegaban a la Argentina 264 hombres para cada 100 mujeres. La única compañía femenina eran las bailarinas y las prostitutas, lo que creaba vínculos muy frágiles y pasajeros, y en ese marco se iban fundiendo los elementos que en 35 años irían a modelar el género musical rioplatense más difundido en el siglo XX, el tango canción.

Javier Villanueva, abril de 2017.

quarta-feira, 23 de novembro de 2016

El Llanero Solitario, 
que no es el Zorro



Un caballo blanco como la luz, un fiel compañero indio y el grito de “Hi-yo Silver Away!” - “Vamos, Plata!”- nos recuerdan de inmediato al “Llanero Solitario”, que cuenta las aventuras de John Reid y Toro.

Los más antiguos recordarán que se trataba de un programa de las primeras épocas de la radio y la televisión estadounidenses que se mantuvo durante mucho tiempo en escena. Fue ideado por George Trendle y desarrollado por el escritor Fran Striker.

El personaje es un "ranger" -un guardia de la Texas del viejo oeste norteamericano- interpretado originalmente por Paul Halliwell, que le daba su voz en la radio al jinete solitario que galopa a través del desierto para reparar injusticias con la ayuda del astuto y lacónico compañero, el nativo potawatomi. 

En los primeros episodios radiofónicos, el Llanero actuaba solo. Pero en el 12º episodio aparece su amigo indio, que fue llamado “Tonto” en la version original,  y “Toro” en Hispanoamérica, en dónde el nombre original podría ser considerado fuertemente peyorativo, lo que además no hacía justicia a la personalidad inteligente del potawatomi. 

En estos países, el nombre se cambió por el de “Toro”, aunque “Tonto” se ajustaba más a la onomástica de la lengua de los potawatomi, y en realidad, significa “The Wild One”. Según los autores de la serie, "el salvaje", un vocablo algonquin, propio de los potawatomis, la tribu de la cual Toro era originario y único sobreviviente. Esta, por lo menos, es la explicación que se escucha en la emisión radial de 1933, cuando los productores de la emisora WXYZ de Detroit le traen un compañero al Llanero Solitario. 

El nombre fue elegido por el escritor Frank Striker. Y también cuentan que “Toro” le llamaba "Kemosabay" al Llanero, palabra que significa "Explorador Fiel", y que también la traducen como "Viajero leal" o "Gran explorador".

En Brasil la serie norteamericana del “Lone Ranger” fue presentada incorrectamente como “El Zorro” -nada más que porque el héroe usa una máscara negra para esconder su identidad- en las publicaciones lanzadas por la Editorial Ebal, hasta fines de la década del 70. Pero por causa de este desliz, el personaje terminó confundiéndose con la “verdadera” historia original del Zorro –que también es una ficción basada en hechos reales *-  que fue  presentada por la serie de televisión “O Zorro”, con el héroe auténtico de capa y espada, producida por Walt Disney. 
Otra confusión fue que el compañero del “Cavaleiro Solitário” también se llamase “Tonto”, pues la traducción original fue mantenida, lo que le causó un cierto malestar al personaje, ya que que en portugués la palabra “tonto” acabó teniendo la misma connotación peyorativa que en castellano. 

Por fin la nueva producción cinematográfica de Johny Depp parece darle a Toro su papel protagónico. Toro -que fue representado en la televisión por Jay Silverheel,  un indio puro de la raza Mohawk, nacido  en una de las seis naciones de la reserva indígena de Brantford, en Ontario, Canadá- recupera toda su fuerza de justiciero leal.

JV, São Paulo, 24 de agosto de 2013.

* Ver la historia de El Zorro en: 


quarta-feira, 16 de novembro de 2016

A 400 años de la muerte de Cervantes, la creación de Don Quijote

A 400 años de la muerte de Cervantes, 
la creación de Don Quijote




Es muy posible que Cervantes no ganara demasiado dinero con “El Quijote” por causa, en gran medida, de las muchas ediciones piratas. 

Como un modo de compensarlo, la fama que Don Miguel de Cervantes Saavedra ganó con su obra principal le permitió publicar muchas otras producciones literarias que de otra manera, tal vez se habrían quedado en algún cajón escondido. Ese es el caso concreto de las “Novelas ejemplares”, las “Comedias y entremeses”, y “Persiles y Segismunda”.

El éxito, por fin, ocurrió en Madrid

En 1605, casi a punto de cumplir sus 60 años, Miguel de Cervantes publicó en Madrid, una novela que era totalmente ajena a todos los cánones literarios de su época. 
El éxito inmediato de “Don Quijote” fue incendiario y tan fulminante en España, que siguió como un reguero de pólvora hacia toda Europa y América.

Si es que es verdad – como se supone- que Miguel de Cervantes concibió su Quijote durante su estadía en la prisión de Sevilla, probablemente debió empezar a escribir la obra al salir de la cárcel, en la misma ciudad, pero con seguridad que la terminó en Madrid, justo un poco antes de mudarse a Valladolid.

Madrid, la 1ª parte de “El Quijote”

La primera edición tenía 664 páginas y muchísimas erratas. La llamada “novela que cambia la novela” es producida en la imprenta de Juan de la Cuesta, en la calle Atocha, en Madrid. 

El librero Francisco de Robles, que es dueño de los derechos de autor, la vende al precio de 200 maravedíes y medio. 
Esa 1ª edición no demora mucho en agotarse, y enseguida se van sucediendo centenas de y miles de reediciones, muchas de ellas clandestinas o sea, no autorizadas, y a veces ignoradas incluso, por el dueño de los derechos de autoría y por el proprio Miguel de Cervantes.


La obra fue lanzada en enero de 1605 y enseguida cosechó un éxito brutal, masivo e incontenible. Al cabo de dos meses se realizó una 2ª edición, a la que siguieron otras muchas en Lisboa, Valencia, Bruselas, Milán, Barcelona. 
En el mismo año de 1605 se enviaron los primeros lotes de la novela al nuevo continente, tierras de reciente propiedad de España y disputadas por Portugal, Francia e Inglaterra: América.

Muy pronto “El Quijote” se tradujo al inglés, en 1612, y al francés en 1614. El propio Cervantes escribiría en 1615, en la 2ª parte de Don Quijote: 

“Tengo para mí que el día de hoy estai impresos más de 12.000 libros de tal historia... ami se me trasluce qi ie no ha de haber nación ni lengua donde no se traduzga”. 

No se equivocaba ni un poco Miguel de Cervantes en su previsión profética: el Instituto Cervantes inauguraba el 21 de abril de 2005, al cumplirse 400 años del lanzamiento de la obra, su exposición "Quijotes por el mundo", con 185 ediciones en 56 lenguas, precedentes de las 60 bibliotecas que la institución poseía en todo el mundo.
La obra que desde 1612 hasta llegar al siglo XXI ya se tradujo - sea integral o parcialmente- a más de 140 idiomas y variedades lingüísticas diferentes, continúa siendo traducida en nuevas ediciones a lenguas como el coreano, el quíchua o el guaraní.

Esta 2ª parte, que tuvo una recepción por parte del público igual de entusiasta que la primera, fue una tentativa por parte de Cervantes de cerrar el paso a los plágios, imitaciones de textos y falsas continuaciones de su primer volumen, entre ellas la más conocida, firmada por Alonso Fernández de Avellaneda en 1614.

Desde el principio, Don Quijote, el protagonista de la novedosa novela cervantina se vovió un personaje proverbial que circulaba en boca de todos y al que, incluso, se lo hacía desfilar en los carnavales callejeros de Europa. 
Esto no ocurría, como digo, solamente en España, sino también en Flandes y Alemania. Y la popularidad internacional de Don Quijote queda atestiguada por la anécdota que relató uno de los censores - sí, porque la iglesia, totalmente liada com ele estado español continuaba inquirindo y censurando- de la 2ª parte del libro, el licenciado Márquez Torres, quien en febrero de 1615 tuvo una larga conversación con unos señores franceses que habían llegado a España con el embajador de su país, que “apenas oyeron el nombre de Miguel de Cervantes cuando se empezaron a hacer lenguas, encareciendo la estimación en que, así en Francia como en los reinos confinantes, se tenían sus obras”.

Cervantes se despide del mundo y de sus amigos

Los franceses que lo visitaron en 1615 se quedaron escandalizados también al descubrir que Miguel de Cervantes vivía en la total pobreza: 

“¿Pues a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario público?”, dijeron.
Pero con seguridad tal pobreza no era total o absoluta, porque parece que Cervantes siguió metiéndose en diversos tipos de negocios casi hasta el final de su vida.

Consta que murió de hidropesía, una sed insaciable que es uno de los síntomas de diabetes o de la cirrosis biliar, enfermedades que afectan el páncreas y el hígado.
Cuentan que tres días antes de fallecer dictó la dedicatoria del Persiles: 
“Ayer me dieron ia Extremaunción y hoy escribo ésta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan”.

Dos días antes, escribía em el prólogo: 
“Mi vida se va acabando... Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos”.

Pero, volvendo al principio,¿cuándo y dónde nació Cervantes?

Durante los siglos esta pregunta representó un mistério doble. El primero se terminó aclarando después de ser encontrada su partida de bautismo, con fecha del 9 de octubre de 1547, labrada en la parroquia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares. 
En relación a la fecha exacta, solo se puede presumir que fue un 29 de septiembre, el día dedicado em el santoral a San Miguel.

Sigamos volviendo un poco hacia atrás. 

En 1581, vivendo en Lisboa, un verdadeiro aspirante a nada

Don Miguel de Cervantes llega Lisboa buscando nuevas oportunidades, que al final se quedarán otra vez en la nada. La nueva corte lisboeta está  llena de buscavidas – como el mismo Cervantes- y de aspirantes a cualquier cosa que les evitara trabajar, y hierve de vida comercial: 

“En ella se descargan las riquezas de Oriente y desde ella se reparten por el universo”, dice el autor que luego va a desempolvar esos recuerdos amargos de ese paso, con su estadía inútil en Portugal, en algunos pasajes de la obra “Persiles”.

En 1592, en Castro del Rio, Córdoba, sufre un encarcelamiento fugaz, pero muy productivo. Cuentan los cronistas de la época que la vida de un recaudador de impuestos – y este era el oficio principal de Cervantes- no era nada fácil. El autor de “El Quijote” será acusado de vender trigo sin tener autorización e irá a pasar unos días arrestado en Castro del Río. 
Muchos estudiosos de la obra cervantina suponen que fue allí donde nació en Cervantes la idea de “El Quijote”; pero otros tantos sostienen que fue más adelante, durante un nuevo encarcelamiento en la ciudad de Sevilla.


En Valladolid, 1603, siguiendo a la corte

Dicen que muy cerca del matadero municipal y en los cuartos superiores de una taberna, en un pequeño edificio en el que vivía mucha gente pobre amontonada, se instala toda la familia de Cervantes – el escritor, su mujer, hermanas, su hija y su sobrina– que llegan hasta la ciudad de Valladolid atrás del rastro de la corte y nuevas esperanzas de mejorar de vida. 
Cuentan los investigadores cervantinos que es en medio de este clima de necesidades y apremios terribles, que Don Miguel de Cervantes termina la 1ª parte de “El Quijote”.


Agonía y muerte en Madrid, en 1616

Cuatrocientos años atrás, y ya promediando el mes de abril, el escritor comienza a convivir con la muerte que se le aproxima. La familia se había instalado en su casa de la Calle del León, en la esquina de la calle Francos - hoy llamada, claro,  Miguel de Cervantes-. 
Recibe la extremaunción y firma la dedicatoria del libro “Persiles”; tres días después, el 22 de abril, muere, y al día siguiente es enterrado en una tumba del convento de las Trinitarias Descalzas.

J. Villanueva, São Paulo, 15 de octubre de 2016


A 400 años de la muerte de Cervantes, la creación de Don Quijote

A 400 años de la muerte de Cervantes, 
la creación de Don Quijote




Es muy posible que Cervantes no ganara demasiado dinero con “El Quijote” por causa, en gran medida, de las muchas ediciones piratas. 

Como un modo de compensarlo, la fama que Don Miguel de Cervantes Saavedra ganó con su obra principal le permitió publicar muchas otras producciones literarias que de otra manera, tal vez se habrían quedado en algún cajón escondido. Ese es el caso concreto de las “Novelas ejemplares”, las “Comedias y entremeses”, y “Persiles y Segismunda”.

El éxito, por fin, ocurrió en Madrid

En 1605, casi a punto de cumplir sus 60 años, Miguel de Cervantes publicó en Madrid, una novela que era totalmente ajena a todos los cánones literarios de su época. 
El éxito inmediato de “Don Quijote” fue incendiario y tan fulminante en España, que siguió como un reguero de pólvora hacia toda Europa y América.

Si es que es verdad – como se supone- que Miguel de Cervantes concibió su Quijote durante su estadía en la prisión de Sevilla, probablemente debió empezar a escribir la obra al salir de la cárcel, en la misma ciudad, pero con seguridad que la terminó en Madrid, justo un poco antes de mudarse a Valladolid.

Madrid, la 1ª parte de “El Quijote”

La primera edición tenía 664 páginas y muchísimas erratas. La llamada “novela que cambia la novela” es producida en la imprenta de Juan de la Cuesta, en la calle Atocha, en Madrid. 

El librero Francisco de Robles, que es dueño de los derechos de autor, la vende al precio de 200 maravedíes y medio. 
Esa 1ª edición no demora mucho en agotarse, y enseguida se van sucediendo centenas de y miles de reediciones, muchas de ellas clandestinas o sea, no autorizadas, y a veces ignoradas incluso, por el dueño de los derechos de autoría y por el proprio Miguel de Cervantes.


La obra fue lanzada en enero de 1605 y enseguida cosechó un éxito brutal, masivo e incontenible. Al cabo de dos meses se realizó una 2ª edición, a la que siguieron otras muchas en Lisboa, Valencia, Bruselas, Milán, Barcelona. 
En el mismo año de 1605 se enviaron los primeros lotes de la novela al nuevo continente, tierras de reciente propiedad de España y disputadas por Portugal, Francia e Inglaterra: América.

Muy pronto “El Quijote” se tradujo al inglés, en 1612, y al francés en 1614. El propio Cervantes escribiría en 1615, en la 2ª parte de Don Quijote: 

“Tengo para mí que el día de hoy estai impresos más de 12.000 libros de tal historia... ami se me trasluce qi ie no ha de haber nación ni lengua donde no se traduzga”. 

No se equivocaba ni un poco Miguel de Cervantes en su previsión profética: el Instituto Cervantes inauguraba el 21 de abril de 2005, al cumplirse 400 años del lanzamiento de la obra, su exposición "Quijotes por el mundo", con 185 ediciones en 56 lenguas, precedentes de las 60 bibliotecas que la institución poseía en todo el mundo.
La obra que desde 1612 hasta llegar al siglo XXI ya se tradujo - sea integral o parcialmente- a más de 140 idiomas y variedades lingüísticas diferentes, continúa siendo traducida en nuevas ediciones a lenguas como el coreano, el quíchua o el guaraní.

Esta 2ª parte, que tuvo una recepción por parte del público igual de entusiasta que la primera, fue una tentativa por parte de Cervantes de cerrar el paso a los plágios, imitaciones de textos y falsas continuaciones de su primer volumen, entre ellas la más conocida, firmada por Alonso Fernández de Avellaneda en 1614.

Desde el principio, Don Quijote, el protagonista de la novedosa novela cervantina se vovió un personaje proverbial que circulaba en boca de todos y al que, incluso, se lo hacía desfilar en los carnavales callejeros de Europa. 
Esto no ocurría, como digo, solamente en España, sino también en Flandes y Alemania. Y la popularidad internacional de Don Quijote queda atestiguada por la anécdota que relató uno de los censores - sí, porque la iglesia, totalmente liada com ele estado español continuaba inquirindo y censurando- de la 2ª parte del libro, el licenciado Márquez Torres, quien en febrero de 1615 tuvo una larga conversación con unos señores franceses que habían llegado a España con el embajador de su país, que “apenas oyeron el nombre de Miguel de Cervantes cuando se empezaron a hacer lenguas, encareciendo la estimación en que, así en Francia como en los reinos confinantes, se tenían sus obras”.

Cervantes se despide del mundo y de sus amigos

Los franceses que lo visitaron en 1615 se quedaron escandalizados también al descubrir que Miguel de Cervantes vivía en la total pobreza: 

“¿Pues a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario público?”, dijeron.
Pero con seguridad tal pobreza no era total o absoluta, porque parece que Cervantes siguió metiéndose en diversos tipos de negocios casi hasta el final de su vida.

Consta que murió de hidropesía, una sed insaciable que es uno de los síntomas de diabetes o de la cirrosis biliar, enfermedades que afectan el páncreas y el hígado.
Cuentan que tres días antes de fallecer dictó la dedicatoria del Persiles: 
“Ayer me dieron ia Extremaunción y hoy escribo ésta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan”.

Dos días antes, escribía em el prólogo: 
“Mi vida se va acabando... Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos”.

Pero, volvendo al principio,¿cuándo y dónde nació Cervantes?

Durante los siglos esta pregunta representó un mistério doble. El primero se terminó aclarando después de ser encontrada su partida de bautismo, con fecha del 9 de octubre de 1547, labrada en la parroquia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares. 
En relación a la fecha exacta, solo se puede presumir que fue un 29 de septiembre, el día dedicado em el santoral a San Miguel.

Sigamos volviendo un poco hacia atrás. En 1581, vivendo en Lisboa, un verdadeiro aspirante a nada

Don Miguel de Cervantes llega Lisboa buscando nuevas oportunidades, que al final se quedarán otra vez en la nada. La nueva corte lisboeta está  llena de buscavidas – como el mismo Cervantes- y de aspirantes a cualquier cosa que les evitara trabajar, y hierve de vida comercial: 

“En ella se descargan las riquezas de Oriente y desde ella se reparten por el universo”, dice el autor que luego va a desempolvar esos recuerdos amargos de ese paso, con su estadía inútil en Portugal, en algunos pasajes de la obra “Persiles”.

En 1592, en Castro del Rio, Córdoba, sufre un encarcelamiento fugaz, pero muy productivo

Cuentan los cronistas de la época que la vida de un recaudador de impuestos – y este era el oficio principal de Cervantes- no era nada fácil. El autor de “El Quijote” será acusado de vender trigo sin tener autorización e irá a pasar unos días arrestado en Castro del Río. 
Muchos estudiosos de la obra cervantina suponen que fue allí donde nació en Cervantes la idea de “El Quijote”; pero otros tantos sostienen que fue más adelante, durante un nuevo encarcelamiento en la ciudad de Sevilla.

En Valladolid, 1603, siguiendo a la corte

Dicen que muy cerca del matadero municipal y en los cuartos superiores de una taberna, en un pequeño edificio en el que vivía mucha gente pobre amontonada, se instala toda la familia de Cervantes – el escritor, su mujer, hermanas, su hija y su sobrina– que llegan hasta la ciudad de Valladolid atrás del rastro de la corte y nuevas esperanzas de mejorar de vida. 
Cuentan los investigadores cervantinos que es en medio de este clima de necesidades y apremios terribles, que Don Miguel de Cervantes termina la 1ª parte de “El Quijote”.


Agonía y muerte en Madrid, en 1616

Cuatrocientos años atrás, y ya promediando el mes de abril, el escritor comienza a convivir con la muerte que se le aproxima. La familia se había instalado en su casa de la Calle del León, en la esquina de la calle Francos - hoy llamada, claro,  Miguel de Cervantes-. 
Recibe la extremaunción y firma la dedicatoria del libro “Persiles”; tres días después, el 22 de abril, muere, y al día siguiente es enterrado en una tumba del convento de las Trinitarias Descalzas.

J. Villanueva, São Paulo, 15 de octubre de 2016