quinta-feira, 3 de novembro de 2016

Algunas otras palabras o frases que usamos y cuyo origen desconocemos





El origen da las palabras o las frases-hechas y dichos populares no huyen a las reglas de lo social y lo político. El habla popular, en cualquier parte del mundo, repite los prejuicios que se verifican entre las clases sociales, a veces de modo gracioso, otras de maneras más crueles. 
Aquí traigo un par de ejemplos de lo que digo, extraídos del habla popular argentina - y si lo extendemos un poco, rioplatense, incluyendo al Uruguay-, con sus cruces con el viejo lunfardo del paso del siglo XIX al XX en la región de los puertos del sur.

La palabra "atorrante", por ejemplo, siempre con un fuerte contenido de desprecio social,  viene de cuando a principios del siglo XX la municipalidad de la capital federal argentina colocó unos caños enormes de desagüe en la costanera, justo en frente a la casa de gobierno en el nuevo barrio que hoy se llama Puerto Madero. Los caños traían una leyenda en la que se leía el nombre del fabricante: "A. Torrant et Cie", grabado en cada segmento de caño. Mientras no enterraban los dichos caños en su lugar, muchas familias de desocupados y sin techo se fueron a “vivir a los caños", pero también los acompañaron muchos sujetos perseguidos por la policía.

Así surgió la palabra que al principio definía a la gente que vivía “en los caños” – frase que también se popularizó - y más tarde, “atorrante” pasó a definir a toda persona pendenciera, vaga o de mal comportamiento.

Muy parecido es el origen de la palavra "croto", que proviene del nombre del ministro de Obras Públicas y Transporte, el radical José Camilo Crotto, que en la década de 1920 extendió un certificado de pobreza, cuyo portador podría andar gratis en los tranvías y trenes. Más tarde – siempre por prejuicios sociales, claro- se pasó a denominar con esa palabra a toda persona en estado de indigencia.

Otra frase que mi abuelita Eufemia repetía, seguramente sin saber su origen, dado que ella era bastante recatada, era "hasta que las velas no ardan". 
Dicen los antigos que se originó en los prostíbulos de la Zwi Migdal **, cuando todavía no había luz eléctrica y los relojes eran todo un lujo. La cafiza le daba al cliente una o más velas, según lo que había pagado. Cuando las velas se gastaban, significaba que el turno con la polaca se le había acabado al cliente; o sea que se había quedado en la casa sospechosa "hasta que las velas no ardan".


Por otro lado, ya habrán oído decir, no solo en Argentina, como también en su versión en portugués que "a Seguro se lo llevaron preso". Lo que pocos saben es que la frase viene de lejos, exatamente de Jaén, en España, donde los presos eran encerrados en el Castillo de Segura de la Sierra. Antiguamente se decía "a la prisión de Segura se lo llevaron preso", como uma advertencia para no cometer delitos, de modo de no terminar con los huesos en Segura. Hoy en día significa que mejor prevenirse que curar, ya que nadie está libre de los azares de la vida.

     Quién oyó decir, en Argentina, que fulano "no quiere más lola" difícilmente se imagina el origen del término. Es que Lola se llamaba una galletita sin azúcar ni sal, que a inicios del siglo XX formaba parte de las dietas insípida de los hospitales. Por eso, cuando alguien moría, se solía decir que "ese ya no quiere más Lola". Desde entonces su uso se refiere a quien se cansó de luchar y no quiere seguir tratando de lograr cosas muy difíciles o imposibles.

El modo porteño – y recordemos que esta palabra viene de “puerto”, por lo tanto se extiende solo al habitante de Buenos Aires y no a todos los argentinos- de referirse a “tomar un colectivo” o “bus”, es "me tomé un bondi".

Se trata de un término que nació de una palabra usada en Brasil como derivación de "bond" (boleto, en inglés), que aparecía en los pasajes de los antiguos tranvías que las empresas británicas de transporte instalaron en São Paulo a partir de 1900, específicamente la “São Paulo Tramway, Light & Power Company”, o simplemente “Light”, compañía canadiense que dejó sus marcas fuertes en São Paulo y Rio de Janeiro.

Como en portugués las palabras terminadas en consonante – con excepción de “m” y “n”- agregan un sonido vocálico parecido a una “i”, "bond" se convirtió en "bondi". Pasado los años, los porteños la tomaron para referirse al ómnibus o colectivo, que nunca fue inglés ni canadiense, y en cuyos boletos jamás se leyó la palabra "bond".

¡Ché, boludo! ¿vos sabés de dónde viene la palabra pelotudo?*

En las Guerras de la Independencia, los gauchos argentinos - también los uruguayos y los gaúchos del sur de Brasil- peleaban contra un ejército de lo que en aquella época era el Primer Mundo. Una maquinaria de guerra con disciplina de las mejores academias militares, armas de fuego, artillería, corazas, caballería, el mejor acero toledano, etc.

Nuestros gauchos enganchados en combate (los montoneros), de calzoncillo cribado y botas de potro con los dedos al aire, solo tenían para oponérseles pelotas (piedras grandes con un surco por donde ataban un tiento, bolas - las boleadoras- y facones, o cuchillos grandes - que algunos amarraban a una caña tacuara y hacían con ellos una lanza precaria-. Muy pocos tenían armas de fuego: algún trabuco naranjero, o alguna arma larga desactualizada.

¿Cuál era entonces la técnica para oponerse a semejante maquinaria bélica como la que traían los realistas? 
Pues la formación de combate: nuestros gauchos formaban en tres filas: la primera era la de los pelotudos, que llevaban las pelotas de piedra grande amarradas con un tiento. La segunda era la de los lanceros, facón y tacuara, y la tercera la formaban los boludos con sus boleadoras o bolas. 

Cuando los españoles cargaban con su caballería, los pelotudos, haciendo gala de una admirable valentía, los esperaban a pie firme y les pegaban a los caballos en el pecho, que de esta manera rodaban y desmontaban al jinete y provocaban la caída de los que venían atrás.

Los lanceros aprovechaban esta circunstancia y pinchaban a los caídos. Entonces, los boludos (que no eran tan boludos porque venían atrás) los rematan en el piso.

Así nacieron las dos palabras, antes tan poco aceptables socialmente, y ahora tan corrientes en el habla rioplatense: boludo y pelotudo, significando hoy, muy lejos de su origen, al tonto o zonzo.

Pero lo que seguramente Uds. como yo no sabíamos, es que los esquimales también usaban boleadoras para cazar patos, o que las “bolas” también era de uso habitual entre los Incas y Aztecas, y que aparecen rastros de su uso en yacimientos arqueológicos de más de 5.000 años en el sur de la Patagonia Argentina y de 11.000 años en Chile. Tampoco sabíamos que las usaban también en China como arma de defensa y que probablemente son tan viejas como la honda o el arco.


J.V. São Paulo, 30 de octubre de 2016


segunda-feira, 17 de outubro de 2016

La carta en que Bernardo O'Higgins reconoce la Independencia de la Nación Mapuche




Texto e imagen de El Mostrador, Chile.
Antes de educarse en Lima o Inglaterra, Bernardo O’Higgins Riquelme estudió en el Colegio de Naturales de Chillán, actual Colegio San Buenaventura. A este colegio, construido por los jesuitas en 1697, pero regido por los franciscanos desde 1786, asistían obligatoriamente los hijos de los caciques mapuche de la zona (Chillán, Los Ángeles, Concepción).
Los colegios naturales eran conventos y los niños permanecían internados. O’Higgins tuvo de compañeros de curso a los hijos de los lonkos, con quienes estudió, durmió, comió, jugó y aprendió la lengua mapuche y seguramente las historias de los héroes de sus amigos, como el joven cacique Lautaro.
Esta faceta poco conocida de la vida de O’Higgins habría sido determinante para que, siendo ya Director Supremo del Estado de Chile, enviara a los lonkos y caciques del sur la siguiente carta, fechada en marzo de 1819, que vale la pena revisar cuando este miércoles se conmemora un nuevo aniversario de su natalicio, registrado en Chillán el 20 de agosto de 1778:
"El Supremo Director del Estado a nuestros hermanos los habitantes de la frontera del Sud.
Chile acaba de arrojar de su territorio a sus enemigos después de nueve años de una guerra obstinada y sangrienta. Sus fuerzas marítimas y terrestres, sus recursos y el orden regular que sigue la causa americana en todo el continente, forman un magnífico cuadro, en que mira afianzada su Independencia.
Las valientes tribus de Arauco, y demás indígenas de la parte meridional, prodigaron su sangre por más de tres centurias defendiendo su libertad contra el mismo enemigo que hoy es nuestro. ¿Quién no creería que estos pueblos fuesen nuestros aliados en la lid a que nos obligó el enemigo común? Sin embargo, siendo idénticos nuestros derechos, disgustados por ciertos accidentes inevitables en guerra de revolución, se dejaron seducir de los jefes españoles. Esos guerreros, émulos de los antiguos espartanos en su entusiasmo por la independencia, combatieron encarnizadamente contra nuestras armas, unidos al ejército real, sin más fruto que el de retardar algo nuestras empresas y ver correr arroyos de sangre de los descendientes de Caupolicán, Tucapel, Colocolo, Galvarino, Lautaro y demás héroes, que con proezas brillantes inmortalizaron su fama.
¿Cuál habría sido el fruto de esta alianza en el caso de sojuzgar los españoles a Chile? Seguramente el de la pronta esclavitud de sus aliados. Los españoles jamás olvidaron el interés que tenían en extenderse hasta los confines del territorio austral. Sus preciosas producciones, su incomparable ferocidad, y su situación local, han excitado siempre su ambición y codicia. Con este objeto han mantenido continua guerra contra sus habitantes, suspendiéndola sólo cuando han visto que no hay fuerza capaz de sujetar a unos pueblos que han jurado ser libres a costa de todo sacrificio. Pero no han desistido de sus designios, pues en los tiempos que suspendieron las armas fomentaron la guerra intestina, para que destruyéndose mutuamente los naturales, les quedase franco el paso a sus proyectos. Entre tanto el comercio no era sino un criminal monopolio; la perfidia, el fraude, el robo y en fin todos los vicios daban impulso a sus relaciones políticas y comerciales.
Pueblos del Sud, decidme si en esto hay alguna exageración; y si por el contrario apenas os presento un lisonjero bosquejo de la conducta española, convendreis precisamente en que dominando España a Chile, se hubiera extendido sobres vuestros países como una plaga desoladora, concluyendo con imponeros su yugo de fierro que acaso jamás podríais sacudir.
En el discurso de la guerra pensé muchas veces hablaros sobre esto, y me detuve porque conocí que estabais muy prevenidos a cerrar los oídos a la voz de la verdad. 
Ahora que no hay un motivo de consideración hacia vosotros, ni menos a los españoles, creo me escucharéis persuadidos de que solo me mueve el objeto santo de vuestro bien particular y del común del hemisferio chileno.
Nosotros hemos jurado y comprado con nuestra sangre esa Independencia, que habéis sabido conservar al mismo precio. Siendo idéntica nuestra causa, no conocemos en la tierra otro enemigo de ella que el español. 
No hay ni puede haber una razón que nos haga enemigos, cuando sobre estos principios incontestables de mutua conveniencia política, descendemos todos de unos mismos Padres, habitamos bajo de un clima; y las producciones de nuestro territorio, nuestros hábitos y nuestras necesidades respectivas no invitan a vivir en la más inalterable buena armonía y fraternidad.
El sistema liberal nos obliga a corregir los antiguos abusos del Gobierno español, cuya conducta antipolítica diseminó entre vosotros la desconfianza. Todo motivo de queja desaparecerá si restablecemos los vínculos de la amistad y unión a que nos convida la naturaleza. Yo os ofrezco como Supremo magistrado del pueblo chileno que de acuerdo con vosotros se formarán los pactos de nuestra alianza, de modo que sean indisolubles nuestra amistad y relaciones sociales. 
Las base sólidas de la buen fe deben cimentarlas, y su exacta observancia producirá la felicidad y seguridad de todos nuestros pueblos. Se impondrá penas severas a los infractores, que se ejecutarán a vista de la parte ofendida, para que el ejemplo reprima a los díscolos.
Nuestras Escuelas estarán abiertas para los jóvenes vuestros que voluntariamente quieran venir a educarse en ellas, siendo de cuenta de nuestro Erario todo costo. De este modo se propagarán la civilización y luces que hacen a los hombres sociales, francos y virtuosos, conociendo el enlace que hay entre los derechos del individuo y los de la sociedad; y que para conservarlos en su territorio es preciso respetar los de los pueblos circunvecinos. De este conocimiento nacerá la confianza para que nuestros comerciantes entren a vuestro territorio sin temor de extorsión alguna, y que vosotros hagáis lo mismo en el nuestro, bajo la salvaguardia del derecho de gentes que observaremos religiosamente.
Me lleno de complacencia al considerar hago estas proposiciones a unos hombres que aman su independencia como el mejor don del Cielo; que poseen un talento capaz de discernir las benéficas intenciones del pueblo chileno; y que aceptándolas, desmentirán el errado concepto de los europeos sobre su trato y costumbres,
Araucanos, cunchos, huilliches y todas las tribus indígenas australes: ya no os habla un Presidente que siendo sólo un siervo del rey de España afectaba sobre vosotros una superioridad ilimitada; os habla el jefe de un pueblo libre y soberano, que reconoce vuestra independencia, y está a punto a ratificar este reconocimiento por un acto público y solemne, firmando al mismo tiempo la gran Carta de nuestra alianza para presentarla al mundo como el muro inexpugnable de la libertad de nuestros Estados. 
Contestadme por el conducto del Gobernador Intendente de Concepción a quien he encargado trate este interesante negocio, y me avise de nuestra disposición para dar principio a las negociaciones. Entre tanto aceptad la consideración y afecto sincero con que desea ser vuestro verdadero amigo.
Bernardo O’Higgins R.
SANTIAGO, Sábado 13 de Marzo de 1819".
 (Fuentes: Educar Chile y Mapuexpres)
 Javier Villanueva, Literatura


terça-feira, 4 de outubro de 2016

Los túneles de Chronos y las arrugas del tiempo en México



Los túneles de Chronos y las arrugas del tiempo en México

Un túnel en América Central, que parece que guarda los restos mortales de los gobernadores de la antigua ciudad mexicana de Teotihuacán, empieza a ser explorado, después de unos 1.800 años de haber sido clausurado por sus habitantes para proteger sus secretos en su interior.
El túnel se encuentra debajo del Templo de la Serpiente Emplumada — la edificación dedicada al Dios de las mujeres Quetzalcóatl—  y fue descubierto de modo casual en 2003 cuando una lluvia torrentosa abrió un hueco a pocos metros del templo, según cuentan los arqueólogos.
Durante las excavaciones aparecieron muros superpuestos de bloques y de miles de ornamentos muy chicos de concha, jade de Guatemala, serpentina, pizarra y obsidiana, que tal vez, hayan sido tirados por los teotihuacanos como ofrendas de despedida en el momento de clausurar definitivamente la entrada.

Pleno siglo XVI. Un mundo nuevo recién "descubierto": América.
Una nación potencia, flamante imperio colonialista nacido de la lucha sin tregua de casi ocho siglos entre los príncipes cristianos —bárbaros recientemente catequizados—  y los ilustrados moros y bereberes, árabes del norte de África que habían osado mezclar sus genes en tierras celtíberas: España.
Altivo león, el trono de Isabel y fernando, los católicos, arrasan a los "invasores" árabes en 1492, unifican la vieja Iberia bajo la cruz y la espada, explulsan judíos y gitanos — adelantándose en casi cinco siglos a la gran fajina étnica de Hitler y el nazi-fascismo—  y se lanzan a ocupar América.
En la península, el catolicismo es la punta de lanza de la lucha feroz de los papistas del Vaticano para perpetuar la tela de araña del poder político, religioso y militar.
La cruel Inquisisión elimina físicamente a la minoría judaica y estúpidamente destierra a su porción más rica, la de los banqueros y financistas que pronto darán base y soporte, en los Países Bajos, a la nueva clase burguesa de comerciantes y artesanos. Clase que se sublevará, otros 300 años más tarde, para eliminar de raíz el feudalismo de Francia e iniciar la era gloriosa del capitalismo.
El Santo Oficio —o Inquisición—  mata judíos, paganos y opositores en general. Y aprovecha para quemar como brujas a miles de mujeres, sembrando las semillas del futuro feminismo. Se preparan para enfrentar lo que será, enseguida, la bisagra histórica entre el feudalismo y la edad moderna, la Reforma, y su reacción papista, la Contra Reforma.
Guerra Santa contra los protestantes –Lutero, Calvino, Henry VII y otras muchas denominaciones evangélicas— que arrancan de la Iglesia millares de fieles e imponen las nuevas reglas Morales de la burguesía y el capitalismo nacientes. Hijos espirituales de las iglesias pentecostales de los siglos XIX y XX, y nietos de los pioneiros protestantes, los neo-pentecostales de hoy reafirman la Doctrina de la Prosperidad y dan secuencia –aunque con viejos ropajes mediavales- al liberalismo de pensamiento francés, tan distinto y opuesto al conservadorismo ibérico.

Túneles en Tihuanaco
Del otro lado del mundo, o apenas en la otra orilla del Atlántico, una civilización de 600 años hacia 1492, se prepara para el declinio y la decadencia final. En 1521, arrogantes e incultos, los soldados ibéricos y sus caballos pisotean Tihuanaco,
Y mientras la Inquisición busca todavia com afán, aunque infructuosamente, el único ejemplar sobreviviente del libro Árbol Mirábilis, los Mexicas cierran con diez toneladas de rocas y piedras preciosas las puertas de su tesoro. 
— "Todavía no existe ninguna certeza de qué hallaremos ahí dentro, pero de lo que sí estamos seguros es de que el acceso al corredor fue cerrado con alrededor de 2.000 kilos de enormes esculturas y piedras pintadas para resguardar algo verdaderamente importante en su interior"—  escucho que dice el arqueólogo.
Con la clausura del túnel se supone que se destruyó una cancha de juego de pelota que se hallaba a un costado, de la cual quedan apenas unos pocos restos que los arqueólogos están tratando de rescatar.
Durante los trabajos en torno al túnel también se pensó en la hipótesis de que esa entrada va a permitir descubrir los vínculos entre este espacio y otros relacionados con el inframundo y con el simbolismo de los ritos de iniciación e investidura divina; se trata de ritos olvidados desde hace casi 500 años, cuando las tropas de Hernán Cortéz pisotearan la civilización Mexica y Azteca.
— "La carga simbólica de la zona de Teotihucan radica en que fue considerada como el eje en torno al cual gira el universo y por lo mismo la concepción de este espacio subterráneo puede ser sin temor a equivocarnos una escenificación del inframundo"—  insiste en el tema el arqueólogo.
El templo de la Serpiente Emplumada queda en la zona de "La Ciudadela" situada en la zona sur de Teotihucan, y fue bautizada con este nombre por los conquistadores españoles que creyeron que se trataba de un lugar con objetivos militar.
La palavra Teotihuacan viene de náhutl —"lugar donde fueron hechos los dioses" o "ciudad de los dioses"—, nombre que le dieron los Mexicas a lo que fue el mayor centro urbano antiguo de América Central, que alcanzó su máximo apogeo durante el período clásico.
Hoy es una zona arqueológica ubicada en el valle del mismo nombre, que forma parte de la Cuenca de México y a unos 50 km de la capital mexicana. Allí están monumentos como "La calzada de los muertos","Los grandes basamentos", la "Pirámide del Sol", la "Pirámide de la Luna", "La Ciudadela", y el "Palacio de los Jaguares", entre otros.
Los indios hopi, del estado norteamericano de Arizona, que dicen proceder de un continente desaparecido en lo que hoy es el Océano Pacífico, recuerdan que sus antepasados fueron instruídos y ayudados por unos seres que se movían en unos grandes escudos voladores, y que les enseñaron la técnica de la construcción de túneles y de instalaciones subterráneas.
También sabemos que muchas leyendas y tradiciones indígenas del continente americano hablan de la existencia de túneles y redes de comunicación, e incluso de ciudades subterráneas.
Existe una literatura y suficientes investigadores que sostienen la hipótesis de que debajo de la superficie del planeta habitan seres inteligentes desconocidos por nosotros.
Pero si de Tenochtitlán nos trasladamos a la península del Yucatán, hallaremos en su extremo norte, oculta en la espesura de la selva, una ciudad descubierta en 1941 que se extiende sobre un área de 48 km², y que guarda en el silencio del olvido más de 400 edificios que en alguna época conocieron esplendor.
Fue hallada por un grupo de muchachos que, jugando cerca de una laguna en la que se bañaban, se toparon con un muro de piedras talladas, oculto por la vegetación.

Continuará

Javier Villanueva. Catamarca, agosto de 2011


quinta-feira, 1 de setembro de 2016

San Andrés, la isla del caballito de mar





Por el Mar de las Antillas,
que también Caribe llaman,
batida por olas duras
y ornada de espumas blandas,
bajo el sol que la persigue
y el viento que la rechaza,
cantando a lágrima viva
navega Cuba en su mapa:
un largo lagarto verde,
con ojos de piedra y agua.


La poesía llena de música de Nicolás Guillén habla de Cuba, claro. Pero si en vez "largo lagarto verde" dijésemos "un gracioso caballito de mar verde", bien podríamos estar refiriéndonos  a la isla de San Andrés.

Para empezar a contar algo sobre este pedacito olvidado del paraíso, digamos que es bastante posible que las islas San Andrés, Santa Catalina y Providencia —hoy pertenecientes al territorio insular de Colombia— hayan sido avistadas por las carabelas de Cristóbal Colón en algún momento de su cuarto viaje, en 1502, pero no existen documentos históricos u otras evidencias que puedan confirmar esos datos. 

Algunos documentos, eso sí, dicen que los primeros pobladores de las islas eran colonos holandeses que llegaron a la isla de Providencia hacia finales del siglo XVI, aunque su presencia no duró mucho, puesto que los ingleses los expulsaron en 1632, haciéndose cargo del archipiélago, al que empezaron a poblar enseguida con cantidades de esclavos negros de Jamaica que llegaron para trabajar en sus cultivos de tabaco y algodón. 

Pero antes, en el año de 1510 el reino recientemente unificado de España había tomado posesión oficial de las tres islas, aunque nunca promovió los asentamientos de población o de furzas militares necesarios en ellas; y es porque los rudos conquistadores estaban más ocupados en ampliar los poderes -ya de por sí enormes, que habían obtenido en la península con la derrota de los moros y la expulsión de los judíos- y someter el máximo posible de áreas continentales.

Las islas San Andrés, Santa Catalina y Providencia quedaron más tarde bajo la administración de la Real Audiencia de Panamá; aunque en 1544 la corona española las pone bajo jurisdicción de la Capitanía General de Guatemala. 

El archipiélago, por fin, apareció indicado por primera vez en una Carta Universal de autoría anónima fechada en 1527 y más tarde en el Mapa de Rotz, de 1542. 

Luego, como ya adelanté, entre 1629 y 1630 se empiezan a promover los primeros asentamientos definitivos de inmigrantes europeos en el archipiélago. Se trataba de grupos de colonos ingleses que llegaron desde Bermudas y Barbados entre otros orígenes cercanos, y que se asentaron en Santa Catalina y Providencia.

Es por entonces que empieza un ping-pong de ida y vuelta de poderes, entre la corona británica y la española, cuando la segunda se la adjudica, para luego el trono inglés ganar nuevamente las islas, apoyado por el bucanero John Morgan, y de nuevo más tarde al español. Incluso en un momento el archipiélago fue declarado propiedad de Argentina por un corsario francés, para de nuevo volver a la corona española, y finalmente ser reclamado por Colombia poco después de su independencia.

El Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina —que tanto en idioma inglés como en criol sanandresano se llama Archipelago of San Andrés, Providencia and Santa Catalina— es un departamento de Colombia que se ubica al oeste del mar Caribe, a 775 kilómetros al noroeste de la costa Atlántica del país y a 180 km de la costa este de Nicaragua. Está formado por dos municipios: la capital departamental, que es San Andrés, y el municipio de Providencia y Santa Catalina Islas.
Es el único departamento insular de Colombia y además de San Andrés -que es la mayor isla del país- se compone de otras varias islas, cayos e islotes sobre la plataforma volcánica del oeste del mar de las Antillas. 
Recordemos que el 23 de junio de 1822 se izó la bandera de la entonces llamada República de la Gran Colombia en la isla de Providencia, y el 21 de julio siguiente se hizo lo mismo en la isla de San Andrés, cuando el archipiélago fue admitido dentro del conjunto territorial de la nueva nación, siguiendo lo que había sido dispuesto en la Constitución de Cúcuta.

Según el censo de 2005, el departamento capitalino de San Andrés tiene una población de 73.320 habitantes, y es el más densamente poblado de Colombia puesto que la suma total de sus tierras firmes es de solo 44 km², con una densidad de 1.603,5 habitantes por km²,  lo que pone al conjunto de las tres islas en una situación difícil en relación a los recursos naturales. 
Los idiomas hablados en el territorio son el criol (o criollo) sanadresano (*), el castellano y el inglés.
El criollo sanandresano es la lengua criolla hablada por la población raizal del archipiélago de San Andrés y Providencia, semejante al hablado en Bluefields y la Costa de los Mosquitos en Nicaragua, la Provincia de Limón en Costa Rica y las provincias de Bocas del Toro y Colón en Panamá. Se caracteriza por su vocabulario originado en el inglés, pero con una fonética propia, y un 7 a 10 por ciento de préstamos del castellano y de algunas lenguas africanas, principalmente de la familia de lenguas como el twi, el ewé y el ibo y también las lenguas mende y mandinka.
No se trata, sin embargo, simplemente de un dialecto con fonética o léxico diferenciados. El criollo sanadresano tiene construcciones gramaticales que le son muy propias, y es claramente una lengua diferente del inglés corriente.

Como siempre, un poco de historia
Entre los años de 1670 y 1680 Henry Morgan —el famoso Pirata Morgan— y Edward Mansvelt, establecieron sus base de operaciones en la isla mayor, San Andrés, motivo por el cual en 1775 la Capitanía General de Guatemala envió a Tomás O' Neille para expulsar a los ingleses y holandeses del archipiélago, bajo autoridad del virrey Antonio Caballero y Góngora. 
Mientras tanto, como la producción y venta del algodón estaba en auge, España empezó a crear un gran interés por las islas. Las relaciones entre España e Inglaterra mejoraron hasta que en 1786 se firmaron algunos tratados que exigían la salida de todos los súbditos ingleses de la Costa de Mosquitos. Aunque muchos salieron, la gran mayoría decidió permanecer a cambio de pagar los tributos debidos a las autoridades españolas. 
O'Neill pidió que el archipiélago quedara bajo la jurisdicción del Virreinato de Nueva Granada, lo que se concedió el 20 de noviembre de 1803 en que la corona española emitió una cédula real que puso al archipiélago de San Andrés y la Costa de los Mosquitos desde el Cabo Gracias a Dios hacia el río Chagres bajo la jurisdicción de la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá. Y además, al gobernador Tomas O'Neill le fue concedido un sueldo de dos mil pesos fuertes anuales.
Durante la Guerra latinoamericana por la Independencia de España, las islas que hasta entonces se habían mantenido leales a la corona española continuaron sus relaciones comerciales y reconociendo la autoridad de la sede colonial provisional que, por su lado, iba perdiendo la capacidad de controlar los progressos de la emancipación de las colonias españolas en América. 
Hasta que al final, entre 1818 y 1821 el francés Luis Aury, tomó el poder en las islas y se puso al servicio de las tropas del libertador Simón Bolívar.

La independencia colombiana

Producida la emancipación, el archipiélago se mantutuvo relativamente olvidado en el primer siglo y medio de vida de la nueva república. Sus lazos más cercanos se establecían de preferencia con las demás islas del Caribe que hablaba inglés, y con la vecina Panamá; uno de los primeros actos que se dieron en las islas fue la declaración de San Andrés como un Puerto Franco y la abolición de la esclavitud, lo que provocó un exitoso movimiento alfabetizador dirigido por el pastor antiesclavista Philip Beekman Livinston.
Después de la independencia se produjo el reconocimiento de los territorios costeros sobre el mar Caribe a favor de Costa Rica de acuerdo con la Real Cédula de 1573. Lo que era una clara táctica política ya que los británicos demostraban un interés desmedido por América Central. Esto aparece bastante claro en un texto de 1852 de Tomás Cipriano de Mosquera que es citado por la historiadora especializada en estudios latinoamericanos de la Universidad de Toulouse, Lucía Duque Muñoz.

   "El límite de la Nueva Granada sigue la costa del Atlántico hasta el cabo de Gracias a Dios, comprendiéndose en esta costa los territorios de las provincias de Riohacha, Cartagena, Panamá y Veraguas, y el teritorio de las Bocas del Toro, que comprende la Mosquitia y costa de San Juan de Nicaragua en donde Gran Bretaña, hollando los derechos de la América quiere sostener á un zambo como soberano de un país cuyo dominio reconoció a la España por tratados públicos. La Nueva Granada ha ofrecido a las Repúblicas de Nicaragua y Costa Rica entrar en arreglos para cederles parte de los derechos que tomó de la España con su independencia, y es probable que limite sus pretensiones hasta el rio Culebra ó Dorces. 
De este punto continúan los límites de la Nueva Granada por la cordillera que divide la provincia de Chiriquí de la República de Costa Rica, hasta dar en la punta de Burica o golfo Dulce en el Pacífico, cuyo punto preciso está por determinarse en las dos Repúblicas".

El archipiélago perteneció al Estado Soberano de Bolívar hasta 1866 cuando le fue cedido al gobierno central colombiano para que fuera administrado directamente por su poder ejecutivo. En 1868 se creó el Territorio de San Andrés y Providencia con el grupo de islas, islotes, cayos y bajos que conforman el archipiélago.
Hay que recordar que el 23 de junio de 1822 se izó por primera vez la bandera de Colombia en las islas y en los cabildos de San Andrés y Providencia se firmaron la adhesión de los territorios insulares a la Constitución de Cúcuta después de la visita de Luis Perú de Lacroix. Las cinco islas principales se convirtieron entonces en el Sexto Cantón de la Provincia de Cartagena en 1822.
En 1912 y tras una intensa campaña dirigida por Francis A. Newball desde el periódico The Searchlight —o "El Faro", en castellano— fue aprobada la ley 52 del 26 de octubre de ese mismo año, que creó la Intendencia de San Andrés y Providencia, como un territorio nacional separado del Departamento de Bolívar, del cual formaba parte hasta entonces.
Más tarde, los gobiernos de Nicaragua y Colombia firmaron el 24 de marzo de 1928 el Tratado Esguerra-Bárcenas por el que el país sudamericano reconocía a Nicaragua la soberanía sobre la Costa de los Mosquitos y esta le reconocía a Colombia la soberanía sobre el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. El 5 de mayo de 1930 se firmó el Protocolo que confirmaba el Tratado de 1928.
El gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla confirmó a San Andrés como un Puerto Libre en 1953, lo cual transformaría a la isla en un centro comercial más activo y de un cierto interés turístico. Lo que también generó, como consecuencia inmediata y creciente, la llegada de mucha gente desde la Colombia continental. 
En 1972, además, los Estados Unidos renunciaron definitivamente a sus pretensiones sobre los Cayos Roncador, Serrana y Quitasueño, por lo cual Colombia amplió su soberanía a los mismos como parte del Archipiélago. 
Pero, sorprendentemente, Daniel Ortega, presidente de la Nicaragua sandinista, denunció en 1980 el Tratado Esguerra-Barcenas de 1928 y declaró que llevaría el caso hasta la Corte Internacional de Justicia de La Haya para probar que el archipiélago era parte histórica de la soberanía de su país, ante lo cual Colombia ratificó los tratados en cuestión. Nicaragua alegaba que el tratado había sido firmado por la presión de Estados Unidos. Colombia, a su vez, sostenía que la ratificación del tratado se firmó en 1930 cuando las tropas estadounidenses ya se estaban retirando de la invasión a Nicaragua y no había presión militar o política para la firma del mismo. Además de eso, en 1999, Colombia y Honduras firmaron un tratado de límites marítimos que reconocía San Andrés como parte de Colombia.
En 1991 se creó el Departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina y diez años más tarde, en 2001, la Unesco declaró al archipiélago como una "Reserva de Biósfera de Flora Marina".
Por fin y cuando ya el tema parecía olvidado, en diciembre de 2001, Nicaragua oficializó la demanda que reclamaba ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya la soberanía sobre el archipiélago, alegando que Colombia no tenía ningún título legal de soberanía sobre el área.
Como respuesta, en 2003 Colombia presentó ante la Corte las "Excepciones preliminares" para contraponerse a los alegatos nicaragüenses. En diciembre de 2007, la Corte Internacional de Justicia dio su fallo oficial sobre las excepciones preliminares de Colombia, en las que estableció que el Tratado de 1928 y el Protocolo de 1930 eran válidos y que por lo tanto la soberanía de Colombia sobre las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina eran incuestionables; y además consideraba que el caso estaba cerrado, no existiendo ninguna una querella judicial al respecto. 
Sin embargo, la Corte estableció que, por otro lado, sí seguía abierta la disputa sobre la soberanía de los Cayos Roncador, Serrana y Quitasueños, los cuales no estaban incluidos dentro del Tratado de 1928 por que en aquella ocasión habían estado en conflicto entre Colombia y los Estados Unidos. También se mantuvo abierta la querella sobre la delimitación de las áreas marinas y submarinas entre los dos países.
Finalmente, el fallo de la Corte de La Haya en 2012 sobre la disputa entre Nicaragua y Colombia presentó la sentencia de la Corte Internacional de Justicia del 19 de noviembre de ese año, en la cual los jueces sentencian que Colombia puede continuar ejerciendo soberanía sobre los territorios insulares —las islas de San Andrés, Providencia, y Santa Catalina— y las aguas inmediatas a ellos, y sobre los 7 cayos que le discutía Nicaragua, que los reclamaba como dentro de su plataforma continental. De este modo, la Corte de La Haya reconoció que el Tratado Esguerra-Bárcenas de 1928 entre ambos países era un acuerdo limítrofe en relación a las islas, al que en 1980, el entonces presidente de Nicaragua Daniel Ortega había otorgado el carácter jurídico de inválido, basado en que al momento de firmar tal acuerdo su país estaba ocupado militarmente por tropas de los Estados Unidos.
Pero en contrapartida, Colombia perdió el control sobre una importante porción de una zona marítima al este del meridiano 82º, que la corte reconoció como de soberanía de Nicaragüa, aunque da a la jurisdicción de Colombia una legua a la latitud de las islas de San Andrés y Providencia, y dos enclaves marinos de un radio de 12 millas náuticas en torno de los cayos de Quitasueño y Serrana, los que quedarán encerrados por aguas nicaragüenses, ya que, según la corte, cada isla o cayo, por pequeño que sea, debe tener en anexo un mar territorial. Los territorios en cuestión son ricos en petróleo, gas, y pesca, con gran abundancia de peces, caracoles, y especialmente de langostas.

Javier Villanueva. Bogotá, 25 de julio de 2016.

(*) En San Andrés y Providencia el criollo sanandresano es lengua oficial al igual que el español, según el artículo 10 de la Constitución de Colombia de 1991. Tanto allí como en la costa atlántica nicaragüense la mayoría de los hablantes de la lengua criolla son trilingües: hablan el "criol" nativo, además de inglés y castellano. El inglés fue conservado en las iglesias para la lectura de la Biblia, el culto y los coros. La escuela y actualmente la televisión satelital al alcance de muchas familias, han llevado a fortalecer nuevamente el uso de esta lengua entre los nativos. Por otro lado, la escuela y la televisión, junto con la creciente presencia de migrantes desde el continente y las nuevas actividades económicas, políticas y administrativas —y sobre todo el turismo— han extendido el español, que ahora ya es hablado más fluidamente por los jóvenes raizales.